Opinión

El punto de vista y la perspectiva personal sobre diversos temas.

La moción de censura del coleta morada: ¿a quién va destinada?

Por Salvador González González.

Aprovechando los chuscos de punta que están cayendo sobre la cúpula del PP, raro es el día en que no haya una nueva granizada con relación a cargos y dirigentes de esta formación, con la corrupción como negra tormenta que está amenazante con ahogarlos. Extrañamente, parece ‑da la sensación‑ que es imposible que se supere el caudal de chuscos y granizos que cayeron ayer por la mañana, cuando nos levantamos hoy, con otra tormenta mayor que la pasada.

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¿En qué manos estamos?

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

En el Casco Antiguo de Barcelona, detrás de la basílica de Santa María del Mar, se encuentra “El Fossar de las Moreras”, una plaza edificada sobre un antiguo cementerio, donde enterraron a los caídos en la última batalla de la Guerra de Sucesión en 1714. Me gusta, sobre todo en otoño, recorrer aquellas callejuelas, visitar basílica, pasear por la plaza convertida en templo del nacionalismo secesionista, y andar de vinos de tasca en tasca. Pues bien, no hay día que no me encuentre, durante el recorrido, a tres o cuatro grupos de chiquillos de seis o siete años, sentados en el suelo y comiéndose un bocadillo, mientras una joven mal peinada, con su mochila sucia y las zapatillas deportivas hechas un asco, los alecciona sobre los hechos acontecidos allí hace más de trescientos años. Siempre le pregunto a mi mujer:

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Por cuanto eres tibio

Por Salvador González González.

Por cuanto eres tibio (ni frío ni caliente), te vomitaré de mi boca.

Esta cita (Apocalipsis) me sirve de antesala-título, para señalar esta etapa que entiendo está viviendo la sociedad en España, donde la post-transición democrática, que a mi entender fue modélica, ha dejado paso a una sociedad que, desconociendo o no queriendo conocer, como se fraguó el tránsito desde una dictadura en sus postrimerías del régimen “franquista”, hoy quieren hacer un borrón y cuenta nueva, sin saber -me da la sensación- adonde quieren ir. Sus objetivos, que -como digo- no están claros, nos está haciendo respirar un aire de incertidumbre y preocupación, no para los que la vivimos, que ya por edad y situación personal, “difícilmente nos va a amedrentar”, ya tenemos “la vendimia hecha” y “los pelaos que nos quedan por hacer aún por ley de vida, son pocos”. La preocupación es y debe ser para esa generación que es la que va a sufrir las consecuencias de ese romper sin saber cómo después se va a pegar lo roto.

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La buena educación

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

No sé adónde llegaremos por el camino que llevamos; pero, sinceramente, no me gusta. «Por hipocresía ―decía don Francisco de Quevedo―, llaman al negro, moreno; trato, a la usura; a la putería, casa; al barbero, sastre de barbas; y al mozo de mulas, gentilhombre del camino». Una cosa es que, por amabilidad, tratemos de suavizar algunos términos del lenguaje; y otra, muy diferente, que se nos trate de confundir para que creamos que el norte es el sur y que el sol sale por el oeste. Cuando se pierde el sentido de la orientación, es decir, cuando corremos sin rumbo de un sitio para otro, sin distinguir el bien del mal, se produce una confusión y un desconcierto en la sociedad que nos lleva al desastre.

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Invertido/afeminado/amanerado/SARASA

Por Salvador González González.

No soy lingüista, para analizar los léxicos, su origen y/o etimología; de ello, Berzosa nos puede poner al día (merecería la pena hacer una recopilación con todo lo que al respecto nos viene mostrando como auténtico experto). Pero, al hilo de lo mucho que se viene hablando y publicando, quiero reivindicar esta palabra en mayúscula para designar a aquel cuyas inclinaciones de ámbito orgánico, porque nace desde dentro, es decir, por razones endógenas, tiene una inclinación invertida (de ahí otro de los términos empleados, “invertido”, aunque igualmente hoy poco en uso) hacia el sexo opuesto. Es decir, el “Sarasa” creo que nace con esa inclinación; no se hace. Esta palabra la recuerdo con cierta nostalgia porque, de pequeño, la empleábamos para designar a aquellos compañeros a los que ya se les veía e intuía que venían con esa predisposición a intentar vivir y hacer lo que las niñas hacían, las copiaban en casi todo, tenían unas maneras propias de ellas (de ahí, el término “amanerado”, también en desuso en la actualidad).

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