Opinión

El punto de vista y la perspectiva personal sobre diversos temas.

“Los pinares de la sierra”, 156

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

2.- Fácil como el toreo de salón.

Al día siguiente, a última hora de la tarde, llegó Fandiño a las oficinas de Edén Park, vestido de luto riguroso. Aquellos días de ausencia habían caído sobre él como si fuesen años. Estaba tan delgado que, con aquel traje negro, la corbata y sin afeitar, parecía un espectro de ultratumba. Le dijo a Paco que llevaba noches enteras sin dormir, muerto de miedo y dándole vueltas al problema. Le aterrorizaba pensar que debía encontrarse con un salvaje como Gálvez, que era capaz de cometer cualquier barbaridad.

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“Los pinares de la sierra”, 155

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

1.-Jugando de farol.

Cuando el peligro que nos amenaza es superior a las propias fuerzas, y el miedo que sentimos se impone al que podemos soportar, de buena gana renunciaríamos al enredo en que nos hemos metido. Pero el sentido del deber nos exige que avancemos sin mirar hacia atrás, con la única esperanza de salvar nuestra dignidad como personas, aunque nos sintamos huérfanos de la seguridad y confianza necesarias.

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“Los pinares de la sierra”, 154

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

8.- Un romance turbulento y obsesivo.

Martina se echó a reír con una risa abierta, fresca y provocadora, con esa forma de reír que tienen las mujeres que saben que son guapas, que se sienten deseadas y que les gusta sentir que las desean. Sus labios brillaban como si toda la pasión, que ardía en su interior, se concentrara en ellos.

―Y, ¿cómo dices que se llama esa teoría?

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Yo, mí, me, conmigo

Por Fernando Sánchez Resa.

Aún recuerdo cuando aprendíamos de memoria, en la escuela primaria de mediados del siglo pasado, esta retahíla de  pronombres personales, referidos a la primera persona del singular, (y que, luego, también hemos enseñando durante muchos años en la escuela democrática española), sin saber que íbamos a llegar al estadio socio-personal en el que actualmente estamos: la exacerbación del “monoteísmo yoico”, como único Dios que merece entrega y adoración absolutas.

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“Los pinares de la sierra”, 153

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

7.- Martina, la guapa y escultural pelirroja.

Se fue hacia la oficina algo intranquilo. Cada vez quedaba menos tiempo para que se cumpliera el plazo otorgado por Gálvez, y no paraba de darle vueltas a la cabeza pensando que el cliente que proponía María Luisa no le terminaba de gustar. Para andar entre cosas de difuntos hacía falta un talante especial, y él prefería mantenerse alejado de las cosas del más allá, no por miedo, sino por respeto. No creía que girar un paraguas en un lugar cerrado acarreara mala suerte, o que romper un espejo supusiera siete años de mala salud; pero, si se encontraba por la calle con un gato negro, cruzaba los dedos.

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