Emotivo e irrepetible adiós, que es ¡hasta siempre!

Por Fernando Sánchez Resa.

Y llegó, compañeros y amigos, uno de los momentos cruciales de vuestra vida: la esperada despedida de vuestro cole y de la docencia, con la ambivalencia y contradicción que conlleva, pues estaréis contentos por haber cumplido una bella y larga etapa profesional; y, a la vez, os sentiréis tristes y melancólicos por marchar hacia la nueva tierra prometida del que ningún jubilado realmente se arrepiente cuando conoce sus grandezas y alegrías.

Sin embargo, debéis estar más alegres que tristes, pues habéis ejercido la labor más bonita del mundo: enseñar al que no sabe; y más en esas edades tan tiernas y receptivas de infantil y primaria en las que el refuerzo positivo recibido de vuestro alumnado es patente y diario. Y encima, habéis contribuido a que en vuestro/nuestro colegio de “La Explanada” o “Sebastián de Córdoba” siga incrementado el listado de grandes maestros.

Como Ángel Fernández González, vuestro director, me dijo que acortase el discurso que tenía preparado para esta especial ocasión, pues os pensaba dedicar los cuentos que tenía elaborados para cada uno de vosotros, como ya hice a los alumnos de mi última promoción, simplemente, voy a resumirlos mucho, mientras el contenido íntegro lo dejaré para otro lugar u ocasión. En ellos, reflejo -lo más fiel y condensadamente posible- mi corta sabiduría sobre lo que he observado en vosotros para que os sirva como regalo personal de jubilación. No esperéis reproches ni animadversión, ni descubrimiento público de defectos, sino todo lo contrario; solamente quiero apreciar en vosotros lo positivo que bien poseéis.

María Antonia Martínez Cobo, alias Marieta, grande y querida amiga, llegaste a nuestro cole para, cual ciclón humano, completar tu largo periplo profesional, materializado sobre todo en el Colegio de la Misericordia de Torreperogil, y servir diligentemente tu especial menú educativo con tu impronta personal, centrada en tu cole, tu clase, tus discentes…

Aurora Jódar Jódar, cara amiga, viniste como el rayo fulminante para infundir musicalidad, vitalidad y colorido a todas las celebraciones del curso escolar, con especial subrayado a los finales de curso, que volvieron a renacer contigo y que esperemos no decaigan con tu partida.

Isabel Jurado López, querida compañera, llegaste de Rus con problemas vitales resueltos; y entregaste, durante muchos años, tu sabiduría especial y genuina a esos parvulillos felices que tanto te quisieron (y te quieren), hasta que la mala suerte se cruzó en tu camino y trastocó nuevamente tu salud…

Amparo Jódar Ogállar, compañera amiga, has servido incondicionalmente a este nuestro cole desde distintos ángulos y puestos de trabajo, con el inglés por bandera, y hoy te vas todo contenta y satisfecha, con los deberes hechos, a conquistar la mucha vida que te queda por delante, pues tu genética ancestral es envidiable…

Luisa María Roa Valero, amiga y compañera, torrente de energía hecha maestra, que has transitado por distintos colegios de España y los pueblos vecinos de Úbeda, y, en distintos ciclos de éste, tu añorado cole, demostrando tu mucha valía, tanto en infantil como en primaria, sin arredrarte ante ningún reto…

Manolo Rodríguez Fernández, compañero del alma y amigo, un auténtico baezano que has abrazado los usos y las costumbres ubetenses, casándote con tu esposa y con la escuela, a partes iguales, y dando todo tu talento profesional y artístico, así como tu afable trato docente de amigo, a esas generaciones de alumnos que siempre te llevarán en el mejor de los recuerdos…

Francisco Herrador Boluda, querido compañero, venías de tu amada Canena a entregarlo todo a la ciudad que te vio nacer y a este colegio que te acogió con los brazos abiertos por tu especial dedicación a la enseñanza de los más pequeños…

Desde hoy, vais a poder ver más nítidos los colores de la vida, viviendo el aquí y el ahora, valorando más el presente que el futuro. Ciertamente, vuestra memoria tratará de anclaros en las emociones pasadas, nutriéndose del recuerdo; pero vais a llegar al punto de vivir en libertad y gratuidad. Seréis felices con lo concreto y actual; invertiréis el tiempo en descubrir el aquí y el ahora, ganando la partida al pasado y al futuro, pues habéis dejado una gran huella personal y educativa: vuestra aportación a este cole es imprescindible e incuestionable. Y este centro educativo se volverá a renovar, cual ave fénix, con nuevos docentes que vendrán a impartir su sabiduría en sus aulas, para seguir construyendo un futuro memorable y sustancioso.

Y, todo ello, gracias a estos siete maestros, la mayoría de la generación de 1957, que les ha ocurrido como a la parábola de la viña: que cada uno vino a presentarse en una época diferente, pero que todos, al término de su periplo profesional, cobrarán su estipendio íntegro, más en muestras de amor, consideración, cumplimiento del deber…, que en moneda contante y sonante; ya que habéis sabido conjugar valores básicos: responsabilidad, tolerancia, esfuerzo, generosidad, agradecimiento…, con los tres mejores ingredientes de la educación: amor, paciencia y energía.

¡Que este colegio siga siendo pujante, como hasta ahora, y no decaiga en su permanente ascensión al prestigio y el buen hacer, pues grandes y buenos profesionales tuvo, tiene y tendrá siempre! Mas, aunque todos sabemos que nadie es imprescindible, habremos de entonar con pena, ahora y todos juntos, esa sevillana tan conocida y emotiva, pero por siete veces repetida:

“Algo se muere en el alma
cuando un amigo se va…”.

Y la canción de Alberto Cortez:

“Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo”.

¡Sed felices todos y que el reloj de la vida y la salud os den mucha cuerda; toda la que os merecéis…!

Úbeda, 23 de junio de 2017.

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