V Encuentro AA AA Safa en Úbeda, 2

Por Fernando Sánchez Resa.

La bienvenida de María Martínez Urbano, directora del colegio, a todos los asistentes fue todo lo sencilla, parca e institucional que se podía esperar, sin dejar de agradecer, como todos los ponentes lo harían, la asistencia del público allí congregado y el ofrecimiento de este centro con sus puertas abiertas para todos. También recordó a los dos jesuitas que iban a ser homenajeados en este mismo acto; y a otro, don José Antonio Mendieta Baeza, que estaba allí presente, siendo los tres admirados por todos sus discentes, compañeros y amigos.

No pudo intervenir el anunciado rector de la Safa, padre Juan Pablo Rodríguez SJ, que fue excusado por su sustituto Juan Manuel García Linares, quien leyó su discurso rememorando un rosario de vivencias como profesor y safista, puesto que se formó en estas aulas ubetenses con Antonio Almagro, Juan Clemente…, haciendo suya la frase del padre Arrupe: «Ser hombres y mujeres para los demás», y remarcando que los alumnos siempre son la motivación y el camino hacia la felicidad plena. Resultó ser una intervención redonda.

Después, llegaron los primeros espadas, elegidos entre los egresados safistas que celebraban su cincuentenario, para colorear de recuerdos, anhelos, anécdotas y esperanzas las caleidoscópicas orlas de sus promociones:

1.                          Gervasio Agudo Figueras, de Villacarrillo, y ubetense de adopción, en representación de los Profesionales de Oficialía del 67. Contó sustanciosas y graciosas anécdotas del tiempo vivido en estas aulas ubetenses, cuando cierto profesor le preguntaba oralmente casi siempre a él, hasta que solucionó definitivamente el problema. También recordó el frío que sintió en su época estudiantil, donde reinaba la hermandad y se leían públicamente todas las notas…, comparándolo todo con la enseñanza actual. Hizo, en definitiva, un largo discurso, pues nos contó hasta lo que ganó en su primer sueldo: 4.500 pesetas. Terminó dando las gracias a todos y, especialmente, al padre Villoslada; y recordando nostálgicamente a los nueve compañeros que ya no estaban entre nosotros, leyendo sus nombres; por lo que recibió muchos aplausos y, también, el regaño cariñoso del presentador, pues había consumido excesivo tiempo en su intervención, en lugar de los cinco minutos asignados.

2.                          Florentín Montoya, de Alcalá la Real, recordó a toda su promoción de 36 compañeros, venidos de todos los rincones de Andalucía; el viaje de estudios a París con el padre Artillo…; y cómo el tiempo ha pasado rápidamente, tras una larga caminata de 50 años, y que, por desgracia, otros no llegaron al final. Afirmó que fueron los mejores años de su vida y que estaremos vivos mientras nos recuerden nuestros familiares y amigos. Dedicó un recuerdo especial a su madre, que estaba a punto de cumplir cien años e hizo mención singular a la música que ponía frecuentemente el padre Navarrete por los pasillos: “La cabalgata de las Walkirias” de Richard Wagner…

3.                          Juan Ramón Martínez Elvira, Magisterio 67, con su largo y sustancioso pasado de servicio a la Safa como maestro, investigador histórico e hijo predilecto de Úbeda, y con su especial personalidad, supo regalar un discurso sereno, sin falsa modestia, pues afirmó que cualquiera de su promoción podría haberlo hecho mejor ya que él era un alumno externo y su visión era menor que la de un interno. Recordó que su promoción fue la última del plan de estudios de magisterio antiguo, constituida por ocho cursos de intenso trabajo, con su reválida correspondiente, y que con 18-19 años ya se era maestro.

Explicó que la Safa lo reclamó de la enseñanza pública, tras aprobar sus oposiciones, como maestro de patronato hasta que llega a Úbeda. También comentó que hacía 25 años se reunió con su promoción, en una comida fraterna, en el parador de Úbeda, y cargó de emotividad el ambiente al mencionar a los fallecidos de su promoción y enfermos, como Diego Rodríguez Vargas.

Proyectó una mirada retrospectiva a las familias pobres, las frías misas, los profesores sabios…, de aquella época formativa; en resumen, hizo un encendido canto y anhelo a la formación integral que él y sus compañeros recibieron en aquellos lejanos tiempos y quiso rendir un homenaje a Sebastián López González y Bernardo López Aparicio, mandándoles un abrazo a ambos. Finiquitó jocosamente su agradable intervención, esperando que MMM hubiese escarmentado de llamarlo otra vez, pues ya lo hizo cuando se cumplieron los 75 años o bodas de platino de la Safa ubetense…

4.                          José María Ruiz Vargas (Magisterio 66), como invitado especial, tuvo el honor de repetir intervención en esta antigua plaza educativa del salón de actos de la Safa de Úbeda. Mediante frases cantera: El tiempo y la memoria…; tiempo vivido-tiempo subjetivo; recuerdos-átomos vividos; el pasado-nunca-pasa…; la fuerza del pasado…, con su memoria de la muerte…, nos dio una lección doctoral, al igual que el año pasado, valiéndose de aquilatadas frases de autores consumados (Fernando Pessoa, Mario Benedetti, William Shakespeare, William Faulkner, Jorge Semprúm, Julián Marías…). «Volvemos a nuestro colegio porque necesitamos recuperar cómo fue el niño de ayer…». «Regresar aquí, es una necesidad vital…». Gracias a sus palabras todos tuvimos la agradable sensación de que estábamos en una mañana especial en la que maratonianos discursos y emotivos encuentros se daban la mano…

5.                          Y las palabras de «consuelo, aliento y ánimo, en nombre de todos, para sucesivos encuentros» (anunciadas en el programa) del afamado poeta y prolífico escritor Manuel Jurado López (Magisterio 62), de extenso y fructuoso currículo vital, huérfano de padre a edad temprana, dieron comienzo, sincerándose que venía de trapillo y que no esperaba tanta elegancia, «no lo tengáis como menosprecio», se disculpó, y se dispuso a leer su estudiado discurso con breves y agudas reflexiones. Prosiguió diciendo que se sentía nervioso y emocionado después de tantos años y por tener las lágrimas a flor de piel. Felicitó a los organizadores y adelantó que se iba a saltar el guión y el tiempo…, pues le afloró la emoción al recordar que «aquí está mi edad imperfecta, nuestra edad imperfecta, nostalgia emotiva, pero que debe ser crítica. ¡Ésta no es mi Safa; queda poco de nuestra Safa; queda algo porque vivimos nosotros; el día que no existamos, nuestra Safa no existirá…!». Entonces fue interrumpido con fuertes aplausos. Y prosiguió, «agradeciendo a nuestra Safa, a nuestros padres, familias y amigos y a nosotros mismos que hemos sido capaces de no conformarnos con lo conseguido hasta entonces y superarnos a nosotros mismos. Debemos querernos un poco más; no somos los mismos chicos, los muchachos de nuestra Safa…». Luego, leyó un poema precioso, salido de su estro, como exquisito poeta que es: “Los muchachos del arco iris”, en el que fotografía, rememora y evoca a los gimnastas que muchos de los presentes fueron, a esa hora tan temprana de las siete de la mañana, en los gélidos patios de la Safa de entonces, con todo lujo de detalles como el vaho, el miedo, el frío, la ilusión, el sueño…

Le replicó MMM, cariñosa pero certeramente, diciéndole que nuestra Safa no era la tuya ya que él fue un alumno externo y también vivió su propia Safa: «Tan Safa es la tuya como la mía…».

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