Los alimentos, su historia y el alma

Diversas opiniones sobre las características de los diferentes alimentos.

Los nuevos templos

13-01-07.
La cabecera principal del TIME magazine del trece de noviembre pasado era: «60 years of heroes», y casi todo él estaba dedicado a glosar la vida de los hombres más destacados en los últimos sesenta años. Entre los personajes seleccionados sólo figuraban dos españoles: «king» Juan Carlos y Pablo Picasso, mientras que los franceses escogidos eran siete; entre ellos estaba Paul Bocuse, un cocinero de ochenta años que ha sido capaz de aparecer, como tal, en la misma lista que hombres de la categoría de Picasso, Sakharoff, De Gaulle, Mahfuz…

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El aceite de oliva, alimento de la civilización

El consumo de grasas por el hombre es absolutamente necesario para su desarrollo y para el mantenimiento de la salud. Esa exigencia, con ser importante, no es exclusiva de este principio inmediato; pero lo que sí lo diferencia de los demás es que las grasas modifican en gran manera las cualidades organolépticas de los otros alimentos cocinados con ellas ‑no hay más que degustar unas patatas cocidas o asadas y compararlas con otras fritas para entender la afirmación anterior‑. Esas dos cualidades hacen que las grasas estén presentes en la alimentación humana, pero su naturaleza y la forma de consumirlas es diferente según la cultura de que se trate.

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Los garbanzos y la unidad de España

A mi querido y antiguo compañero Alfredo Rodríguez Tébar, que culpa a los garbanzos de la baja estatura que tenía nuestro equipo de baloncesto por los años sesenta.
Brian Sewell, asesor de la galería Christie y uno de los críticos de pintura más prestigiosos de Europa, escribía no hace mucho en “The Evening Standar” que gran parte de la pintura abstracta de los últimos años ha consistido en una gran superchería.

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La comida del espíritu

A todos mis compañeros y profesores de la Safa con los que, por los años sesenta, coincidí en la etapa más importante de mi formación y compartí ilusiones, muchas ilusiones.
La dieta alimenticia de mi colegio la ajustaba un profesor de ciencias naturales que era veterinario, y quizás, por ello, era una dieta bien ajustada en principios inmediatos y calorías, aunque como la de cualquier ganado, también era la más barata del mercado. El menú resultante no podía ser otro que muchos garbanzos, lentejas, patatas, pan, aceite de oliva –que mi colegio estaba en Úbeda y ésa es tierra de aceitunas– y leche en polvo, aquella de los acuerdos entre Franco y Eisenhower. Como verdura, lechuga con todas sus hojas, las blancas y las verdes. Sólo un día en todo el año se comía jamón, el día de la Inmaculada, y es que los jesuitas siempre han sido maestros en eso de asociar símbolos, en este caso los de la excelencia.

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Los garbanzos, los ángeles y el imperio

A mi amigo Diego Rodríguez, pregonero de ilusiones y encantador de niños, con el que compartí infinitos cocidos de ensueños en mi adolescencia.

Jaime de Armiñán escribía hace algún tiempo un acertado ensayo sobre la moda. En el artículo nos contaba cómo la mujer de hoy, en su afán por distinguirse, es capaz de usar zapatos de coja o chaquetas encogidas. Pero sobre lo que principalmente reflexionaba Armiñán era sobre los ángeles, concluyendo que estaban pasados de moda.

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