El mundo al revés, A

Por Mariano Valcárcel González.

Me hago cruces como loco (me signo y me persigno al modo católico y hasta ortodoxo), porque ya es que no entiendo nada con la lógica del entendimiento humano, si no es con toda la ilógica del entendimiento hasta inhumano. O sea, que es que, por más vueltas que le doy, no llego a nada concluso y, a la vez, clarificador. Misterio.

¿Qué por qué ando con estos tonos y estas quejas? Por mera gana de flagelarme, que uno se goza en el absurdo cual gorrino en el lodazal. En el lodazal que todo lo invade y lo envuelve, lo mancilla y lo deja mugriento. Mierda y lodo cual torrente desbocado e ingobernable, que, tras pasar, queda desolación y tristeza. Y esa sensación de impotencia desgarradora ante lo irremediable.

Absurdos que se convierten en mantras, que hacen lo sencillo complicado y retorcido. Que se pretende que todo se amolde a nuestros deseos y conveniencias, aunque vayan contra todas las lógicas y las razones, contra todos los demás (que es que no nos entienden ‑no me entienden‑) y que, sin dudarlo, deben amoldarse sin más, porque yo lo digo o lo deseo. A mi niño no lo tienen que obligar a nada (ni los unos ni los otros), ni él está obligado, por supuesto. Que yo quiero ser lo que no soy y, si me lo recuerdan, es que me están discriminando o impidiéndome ejercer mis supuestos derechos. No me hable usted de llegar con mi esfuerzo a alcanzar lo que deseo, sea un coche, sea una plaza universitaria; es que me los merezco y con eso basta para entenderlo y alcanzarlo. No se me contradiga en nada, porque a todo debo tener acceso y alcance. Llegamos al colmo de permitir a una señora que geste por inseminación a dos vástagos, pese a la edad avanzada de la misma y a sus antecedentes mentales (sin tener en cuenta el derecho de esas criaturas). Sea, sin embargo, señalado quien piense lo contrario, insultado, escracheado, arrojado de nuestro lado y lugar (cosa que no se entiende contraria a la democracia, porque la democracia soy yo). Cuéntenseme cuentos que me gusten, cuentos sin cuento, porque me los voy a tragar sin digerirlos y les daré carácter de verdad absoluta.

La vida política enmerdada. Pero bien. Nos quedamos absolutamente descorazonados ante la evidencia. No, no se escapa nadie. Tiremos por donde tiremos, nos damos de frente con la mierda. El cinismo de los dirigentes del PP es ya de escuela, crea escuela, infecta, desde luego, pero marca tendencias… Vamos…; declarar que se ha superado la crisis, que ya todo está arreglado, que crecemos y eso ya lo nota la sociedad en general (y desde luego los trabajadores y pensionistas, los emigrados, los parados e incluso, por lo que se ve, los famosos emprendedores y autónomos), hacer de la justicia un cortijo propio es de un cinismo tal poco alcanzable, se superan cada día a sí mismos. Pero debe ser de tal arte el engaño que, a pesar de lo evidente, siguen consiguiendo votos. Maravilloso. Irse para el PSOE no da para muchas alegrías, que entre sus propias trifulcas por ver quién alcanzaba el mando en plaza (y ahí se va la andaluza, muy buena alumna del aparato y sus trucos que no le han servido de nada) y entre sus zozobras ideológico‑prácticas que le obligan a pactar barbaridades por mostrarse constructiva e institucional y para cubrirse sus propias vergüenzas con las de los anteriores, no deja de desconcertarnos. De Ciudadanos apenas nos queda más que saber que existen y que se dicen, ahora, liberales, lo cual no es precisamente aval de confianza; que el liberalismo ya sabemos por dónde va y no es precisamente hacia la convergencia social ni económica, aparte de dejarse engañar por el PP. Pasmados hemos quedado con el espectáculo dado por Podemos y su lucha interna por el poder. Que nos era previsible es cierto, pues estos partidos de la izquierda siempre anhelan la ansiada “unidad”, que va en su marchamo ideológico a la vez que las apelaciones, cínicas apelaciones, a la autonomía y a la diversidad (siempre cuando no se tiene el poder); ahora se comprende ese cierre de filas ante verdaderos casos de falta de ética y sinvergonzonerías varias, al parecer perdonados porque ellos son “diferentes”; se encandilan con postureos y fuegos artificiales, para gozo de incondicionales. De lo que los partidos catalanes están haciendo y mostrando mejor ni hablar; con decir que avanzan en sus incongruencias tanto políticas como jurídicas, a sabiendas de lo que eso significa para una democracia que medio funciona; y, precisamente por ello, seguir hasta lograr el estallido (además de ver la mezcla irresponsable de unos con otros, que se tirarían a la yugular en cuanto los dejasen) es para cerrar los ojos y meter la cabeza en un agujero.

El mundo al revés donde se predica y no se cumple. Y mientras, se deja lampar a la legión de corruptos (personas y partidos, en especial el PP) y al conglomerado de grandes empresas, incluidos los bancos, como les dé la gana, sin hacer nada por evitarlo. Esquilman al ciudadano con la impunidad por montera, y los hechos lo demuestran.

Y en el mundo exterior, peor que peor. Ahí tenemos dos locos, en principio, mandando en dos países que en cualquier momento pueden apretar un botón del que salgan lanzadas las cabezas nucleares necesarias para achicharrarnos. Dos que saben que pueden hacer lo que les salga de las bolas (sí, es verdad, el coreano lo hace evidentemente, y si no que lo diga su asesinado hermano) y que el mando está sujeto a su capricho. Y una observación necesaria; que el coreano está ahí por cojones y el americano está por elección más o menos democrática (lo que todavía es peor); esto es lo que me trae de cabeza, que sujetos estrafalarios y peligrosos como el americano convenzan a masas de gentes, que por tal cosa creo no serán menos estrafalarias y peligrosas. Ideas arbitrarias que llevan a países a la miseria, como a Venezuela. Y apañe usted con esta clase de material para que la convivencia, la comprensión, la cooperación y la tolerancia mundial se refuerce.

Sí; hay más chalados esperando su oportunidad. Y no chalados ya haciendo de las suyas, por cuestiones religiosas (generadoras de fanatismos indiscutibles) o económicas; si no, vean la vuelta al sueño imperial británico, ventajista desde siempre, o el imperio clerical iraní. Se admite todo: que los clérigos, ulemas, imames, dicten las leyes y normas y las impongan civilmente (y mandatarios como los saudíes tan ricamente, y esto es literal, en sus palacios); y también se admite que el núcleo de capitalistas más influyentes (y sus entramados financieros, empresariales y sus paraísos fiscales) mangoneen los gobiernos y las políticas de los mismos y su repercusión en sus gobernados. Y la brecha social aumenta y la brecha entre ricos y pobres aumenta y la brecha entre los países también aumenta.

La brecha es una zanja, una falla inmensa que provocará a la larga (o menos larga) terremotos inevitables ya. Sabiéndolo, no se hace nada por evitarlo. Inaudito, nos sentimos mangoneados, manipulados y menospreciados y encima los seguimos admitiendo, votando o consintiendo que permanezcan.

A veces, por todo lo escrito, da gana de admitir que es que somos tontos del bote.

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