Crónicas marianas

Puntos de vista sobre nuestra sociedad ambiental.

No por mucho madrugar…

Por Mariano Valcárcel González.

Hay algo que se le ha oído decir a un venezolano y que es digno de ser meditado correctamente.

Venía a decir el hombre más o menos esto:

—Comandante Chávez: me enseñaste a leer y a escribir, me enseñaste a pensar, y ahora que quiero expresar lo que pienso, diciéndolo y escribiéndolo, no me dejas.

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“Gedeón”, 02

Por Mariano Valcárcel González.

Como escribía Gedeón, que era un garrulo de tomo y lomo, no se fiaba de quien se decía su Dios.

Se había sentado Yahveh en la famosa encina, que por esas tierras y las nuestras el sol abrasa a conciencia, y conminó al destructor a escucharlo, guardando ciertamente el respeto debido, o sea, manteniéndose de pie ante su presencia. El futuro jefe de la lucha de pronto salió por peteneras ante las órdenes recibidas.

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Orgullo y desprecio

Por Mariano Valcárcel González.

Yo me siento orgulloso de mis hijas.

Vaya, dirán, y yo, y yo… Bueno, bien, pero me explico: me siento orgulloso de mis hijas porque han demostrado y demuestran en el desempeño de sus trabajos una actitud honesta y leal, dando siempre lo mejor que tienen para que su labor sea siempre correcta y desempeñada con eficacia total. No escatiman tiempo ni esfuerzo en llevar a cabo lo que se les exige; es más, no resulta nada raro que vayan más allá de lo exigido.

Y los resultados cantan a su favor.

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“Gedeón”, 01

Por Mariano Valcárcel González.

Los jueces bíblicos constituyeron una solución, un parche conceptual ante la disyuntiva que se imponía de nombrar un rey (pero el único rey era Yahveh) para domeñar las ariscas tribus de Israel. Todos los pueblos que los rodeaban tenían sus reyezuelos, a la vez vasallos o sometidos a las grandes potencias de aquellas zonas del Oriente próximo, fuesen asirios, persas, egipcios o los que luego llegaron con Alejandro Magno.

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Cuento de la nostalgia, 08

La Cava

Por Mariano Valcárcel González.

Cuando hago mi pequeño circuito urbano, caminando cada mañana, a veces paso por la zona que queda debajo de la calle Cava, por los jardines del Alférez Rojas (y su monumento) y donde se ubicaba un cine de verano, precisamente llamado “de la Cava”, porque había varios en la localidad.

Bajar a la Cava tenía varios motivos y justificaciones, según lo que se pretendiese hacer allá.

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