Club Diana

Por Fernando Sánchez Resa.

Esto era, una vez, una afamada ciudad, sita en el corazón de la provincia de Jaén, en la que vino a florecer, hace más de medio siglo, el 17 de septiembre de 1963, y concretamente en la planta baja del inmueble del número 37 de la calle Obispo Cobos, propiedad de Carlos Marín Bustamante, donde se celebró la primera Junta Directiva que habría de regir los destinos de lo que se denominaría, en aquél preciso instante, el Club Diana: una asociación recreativa, cultural y social para todos aquellos ciudadanos que deseasen disfrutar ratos de esparcimiento en el referido local. Allí fue nombrado su primer presidente, el vecino de esta ciudad, Francisco Poveda Navarrete, extendiéndose su mandato hasta el 30 de enero de 1965. Fueron un conjunto de hombres visionarios, unidos por el sano y común interés de la amistad, por encima de ideologías políticas, religiosas, comerciales, etc. Y así continúan.

Desde entonces, se ha ido escribiendo su historia -con letras de oro- en el corazón de muchos de sus asociados y simpatizantes; así como en los anales de la mencionada ciudad, conocida por ser la capital de la Loma de Úbeda, y teniendo el honor de haberle sido compuesto su propio himno por Juan Ramón Pozas Murcia, sin que se tengan noticias de que se llegara a musicalizar.

 

A muchos ubetenses -que no fuimos, ni somos de ese selecto club- siempre nos traerá a la memoria sus gloriosas ediciones feriales que, año tras año, fue regalando a nuestra ciudad, ya que forman parte indeleble de muchas vidas -tanto de los que ya se fueron como de los que aún perviven en su memoria-, constituyendo unos agradables recuerdos de tiempos mejores, especialmente porque la juventud, la ilusión y la vida les regalaba alegrías por doquier, formando un cúmulo de nostalgia y esperanza a partes iguales.

Fue un acierto elaborar el libro conmemorativo del 50 aniversario de existencia (1963-2013), ya que ha quedado para la posteridad un florilegio de artículos sabrosísimos y con enjundia, además de plasmar fidedignamente momentos fotográficos extraordinarios que marcaron hitos irrepetibles y que siempre quedarán como nudos gordianos de su historia institucional y local. ¡Y qué decir de sus afamadas competiciones deportivas y ajedrecísticas…!

 

 

 

 

 

 

¡Cómo no recordar los múltiples viajes realizados en su larga existencia, que siempre sirvieron para estrechar -aún más- lazos de amistad y fraternidad; y los visitantes ilustres o famosos que han acudido a abrevar en su propio venero! No conviene olvidar la figura del barman que siempre ha sido punto neurálgico e imprescindible para que los encuentros amigables fuesen más dulces y certeros.

 

A su vez, este oportuno libro alberga multitud de noticias destacables que los periódicos de la provincia han sabido inmortalizar, juntamente con hechos y curiosidades que se guardarán en el hondón de la memoria de muchos y en sus libros de actas, que son patrimonio de los “capillitas” de la investigación histórica o anecdótica.

Pero como, por desgracia, vamos comprobando día a día, el afán gregario ha decaído en nuestra sociedad -o posiblemente se haya transformado en redes sociales virtuales y/o con otro perfil distinto del que estamos hablando-, habiendo perdido también pujanza en nuestra inigualable ciudad; no así, en el Club Diana, que ha seguido y sigue brindando a todo el mundo, se pertenezca o no a él, libertad absoluta para entrar y tomarse unas cervezas, raciones o comida en su bar, y/o a asistir a las múltiples manifestaciones culturales que desde su fundación y con esmero especial, últimamente, vienen promocionando su presidente, Adolfo Vivancos García, al alimón con su inquieto e ínclito secretario de cultura, Antonio del Castillo Vico, puesto que ambos han sabido incitar de forma portentosa, con asiduidad y certeza encomiables, una vasta programación de atrayentes y novedosos acontecimientos culturales en los que la música, el recital poético, la conferencia histórica, taurina o cultural, el intercambio de ideas…, de todo lo referido a nuestro pueblo, provincia o nación tiene buena acogida y sirve para hacer más ameno y atrayente el rato de la tarde-noche de los viernes, especialmente -o cualquier otra-, que es cuando se suele celebrar, en su salón de actos de la primera planta o en cualquier otro lugar de Úbeda, adonde acuden muchas personas en busca del sosiego y la paz, tan necesarios, y tratando de calmar la sed cultural y de amistad que tan rica y gratuitamente proporciona este club.

Es aún más meritorio comprobar cómo, en los tiempos que corren, se puede confirmar el conocido dicho popular: «Si quieres conocer a un personajillo…, dale un carguillo»; como le ocurre a bastantes políticos y asimilados de hoy, también de ayer y de siempre, pero que no es el caso de Antonio del Castillo Vico, puesto que él sí bate el cobre con la cultura y el bien hacer, buscando simple y llanamente el renacimiento de su amado Club Diana, sin esperar otro tipo de refuerzo que lo recompense.

Ya me gustaría ser de este selecto club, que tuvo sus años gloriosos y álgidos -como todo ente social y personal- y que, tras cierto estancamiento, vuelve a renacer culturalmente desde que el tándem Adolfo Vivancos García-Antonio del Castillo Vico tomaron las riendas. El primero, como presidente desde el 30 de enero de 1999; y el segundo, desde que fue nombrado vocal de cultura, el 9 de mayo de 2013. Ambos siguen surcando las cálidas aguas del asociacionismo y la amistad, en estos tiempos difíciles en que vivimos, y complementando el largo periplo vivido, casi 54 años, haciendo buena la frase que inventara Pedro Nieto Hueso y que está plenamente vigente: “CLUB DIANA: FLECHA CERTERA A LA AMISTAD”.

Por eso, tuvieron esa feliz idea, Antonio del Castillo Vico y Diego Godoy Cejudo, elaborando la revista del 50 aniversario del Club Diana (Úbeda 1963-2013). ¡Cuántas personalidades políticas, literarias, artísticas y de la vida y entramado social local, provincial o nacional habrán pasado por sus lares, creando así una historia brillante, siempre que recordar! Pero no menos importante es la intrahistoria cotidiana que cada socio, con su familia o amigos, ha ido reescribiendo a lo largo de todos estos años, contribuyendo a engrandecer a nuestra ciudad desde su particular ángulo del asociacionismo, que tanta falta hace en cualquier sociedad, en donde deben primar no sólo intereses políticos, religiosos, comerciales o de otro tipo, sino valores culturales, humanitarios, lúdicos, de divertimento…, que hacen al ser humano más integral y le proporciona una vida más regalada y humana, más digna de ser vivida, si con ello -además- se alejan el fantasma de la soledad y el individualismo que siempre atenazan nuestras vidas, especialmente en nuestra última etapa vital evolutiva.

Vaya, desde aquí, mi más sincero y desinteresado agradecimiento, un brindis por lo realizado -y lo mucho que queda por hacer- y un viva muy fuerte para ese simpar e irrepetible secretario que ha sabido dinamizar este club que languidecía un tanto, y que aún sigue necesitando de savia nueva -aunque actualmente cuenta con unos 460 socios-, pues ha sabido proporcionar un impulso ejemplarizante que servirá de revulsivo tanto a todos sus componentes como a la gente de Úbeda, en general, ya que hoy en día, cualquier ciudadano puede acercarse a su sede habitual (al principio de la calle Nueva) para calmar su sed y hambre físicas, pero también colmarse de cultura, amistad y gregarismo…

Úbeda, 5 de agosto de 2017.

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