«Historias y retratos»

Su autor nos cuenta cosas de la Safa de Villanueva del Arzobispo y de Úbeda, allá por los años 50 y 60 del siglo pasado.

Un hombre de Dios: Jesús Mendoza, 1

29-01-2011.
Hace ya varios años que mantengo con él una agradable y frecuente correspondencia, gracias a la cual, disfruto de una íntima relación con este hombre de extraordinaria riqueza espiritual y personal. El padre Mendoza es un claro ejemplo de persona auténtica y especial de las que a uno le gustaría encontrarse por la vida con más frecuencia.
La última vez que lo vi fue en la nueva capilla del colegio, antes sala de juegos, junto a Chamorro, San Martín y algunos compañeros más. Durante la misa nos habló de su vida y nuestras vidas, del compromiso para con los demás, de generosidad, de ayuda, de integridad, de coherencia, de la necesidad de frecuentar los sacramentos y dar testimonio de nuestra fe.

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Firme en su puesto. Don Isaac Melgosa, y 4

20-01-2011.
En la obra del padre Bermudo leemos:
Villanueva del Arzobispo. 1945‑46.
Don Isaac Melgosa, formado en la Universidad de Comillas y gran educador, fue siempre una de las columnas básicas de esta escuela. (Por Villanueva).
¿Y el resto de profesores? ¿Realmente lo estimaban? Para los jóvenes, quizás seguía siendo aquel “Isaac, el terrible” de los primeros años; para los demás, tal vez un hombre altivo, anclado en el pasado, sin demasiada renovación; de planteamientos conservadores y eclesiales, demasiado fiel a las exigencias del Colegio y a las personas que lo regían; incapaz de oponerse a ninguna de las directrices que se imponían “desde arriba”; un hombre al que gustaba luchar solo, sin apoyarse, ni dar su apoyo a los demás; frío, cerrado y seguro de sí mismo, con la seguridad que otorga la conciencia tranquila y el trabajo bien hecho. Posiblemente, le admiraban y respetaban, aunque dudo que fuera excesivamente comprendido o estimado por todos.

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Firme en su puesto. Don Isaac Melgosa, 2

05-01-2011.
Aquella mañana de finales del cincuenta y ocho se mantiene viva en mi recuerdo. Hacía un par de meses que, al fin, habíamos ingresado en Úbeda. Sueño de sueños e ilusión de ilusiones, para nosotros y nuestras familias. Cursábamos Preparatoria y los profesores, don Lisardo Torres y don Francisco Gallego, comenzaban a forjar nuestra personalidad y a modelar nuestras conciencias, fomentando, desde el primer día y sin perder un momento, virtudes que nos convirtieran hoy en “semillas”, y mañana en “realidades y esperanzas para Andalucía”.

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Firme en su puesto. Don Isaac Melgosa, 3

13-01-2011.
Habían pasado dos o tres cursos. Era primavera en el campo andaluz y en nuestro corazón de doce o trece años. A las tres de la tarde ‑¡vaya hora!‑, daba comienzo la clase de Francés. Después de rezar el Ave María, Je vous salue Marie… naturelment en français, nos poníamos en corro o en fila. Los primeros ‑Serrano, Ruiz Roa, Valenzuela, Antonio Montes, Del Río, Valcárcel‑ muy próximos, encima casi de la mesa del profesor. Los demás, de espaldas a la fila de ventanas que daba al patio de los pequeños. Uno tras otro, en rigurosa procesión, adaptándonos al ángulo recto de la pared, como el agua al recipiente, descansábamos en ella nuestra pereza de adolescentes. De forma premonitoria, el farolillo rojo venía a caer junto a la puerta de la clase.

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Firme en su puesto. Don Isaac Melgosa, 1

24-12-2010.
Navidad de 1937. En el frente de Teruel, tenían lugar los episodios más crudos de nuestra guerra civil. A la crueldad extrema de la contienda, a los combates cuerpo a cuerpo, calle por calle, casa por casa, se unía el terrible frío polar y la escasez de medicinas y alimentos. Las muertes por congelación eran numerosas. Desde uno de los bandos, Miguel Hernández, el poeta del pueblo, el pastor de Orihuela, publicaba el día veinte de diciembre: «Si los buscáis, los encontraréis entre las balas y las explosiones; firmes en sus puestos. Si los buscáis, los encontraréis en medio de la nieve, atacados por esta, derritiéndola con el entusiasmo y la alegría; firmes en sus puestos. Si los buscáis, los encontraréis dentro del invierno, del viento, del frío, encendidos como las hogueras; firmes en sus puestos».

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