Desde mi residencia

Vicisitudes de la vejez, 20

Por Fernando Sánchez Resa.

Ando harto preocupada con la nueva ola de pandemia que se nos ha presentado antes de tiempo (en este mismo verano), cuando nos la habían anunciado -“los expertos”- para el otoño. Y me preocupan principalmente mis hijos, nietos y biznietos, puesto que, aquí en Andalucía, empieza el curso escolar el 10 de septiembre y los políticos de esta comunidad autónoma (da igual el color político al que estén adscritos) y otras regiones de España no han hecho los deberes que tanto piden hacer a la población, habiendo tenido -desde marzo, que se cerraron las escuelas- para hacerlos. Se ve que están esperando a que se produzcan nuevos contagios para volver a cerrarlas, como ya lo han hecho en bastantes colegios de Francia o Israel. Nunca aprenderemos del dicho “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. 

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Vicisitudes de la vejez, 19

Por Fernando Sánchez Resa.

Menos mal que me encuentro fuera del foco infernal de infección de la Covid-19 de mi antigua residencia de ancianos, en donde han vuelto a confinar a sus internos, en un acto más de cebamiento hacia los sufridos ancianos o viejos de nuestra generación. Esta segunda oleada de coronavirus en España me ha pillado en mi propia casa, haciéndome temblar nada más pensar que otra vez me tendrían confinada y sin salir de mi habitación, sin visitas familiares ni amigables de ningún tipo, en aras de las normas y protocolos inventados por los mandamases o jefecillos de turno que poco saben de lo que una mujer mayor siente y padece en estas situaciones límite.

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Vicisitudes de la vejez, 17

Por Fernando Sánchez Resa.

Hoy toca hablar de cosas más íntimas pues -llegada cierta edad- a una ya no le importa hacer públicas ciertas intimidades que guarda en el hondón de su memoria y del corazón; y que ninguna o pocas amistades y/o familiares conocen.

Todos sabemos que a las mujeres -al menos a las de mi generación y edad; y a las siguientes, cuando se va envejeciendo- nos gusta hablar de nuestros amores, de nuestras enfermedades y cuitas; y, sobre todo, de nuestros azarosos (o no) embarazos y partos, regodeándonos al contarlos de manera especial, amén de la crianza y evolución de nuestros hijos.

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Vicisitudes de la vejez, 18

Por Fernando Sánchez Resa.

Antiguamente, nuestra educación sexual dejaba mucho que desear: era más bien corta y exigua, especialmente para las mujeres, puesto que los hombres tenían siempre el beneplácito social y familiar del prostíbulo reconocido (o sin reconocer), en definitiva, la doble moral que todavía impera; y hasta era prescriptivo y necesario que, cuando un hombre se acercase al matrimonio, fuese bien enterado de lo que debía hacer en la noche de bodas…; y las siguientes; aunque a más de uno le sobreviniese el gatillazo u otros problemas similares que nunca debían de contarse en la taberna con los amigachos, sino mentir diciendo todo lo contrario… 

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Vicisitudes de la vejez, 16

Por Fernando Sánchez Resa.

Ya en casa, una vez más descansada y tranquila, habiendo tomado posesión de todos mis enseres materiales (de los que cada vez paso más, aunque alguien piense lo contrario) y cual niño que vuelve de un internado largo, retomo mis recuerdos más antiguos y queridos, los que dan mimbre a mi ser y constituyen (en el momento en que me encuentro) la urdimbre de mi vivir prestado (no me llamaré a engaño); enlazando todo lo que he sido (y soy) y el poco tiempo que me queda de existencia; pues estoy en los brazos de Dios hasta que Él quiera llevarme a su santa morada, en la que espero saludar, besar y abrazar a mis padres, hermanos, amigos, familiares, etc., para permanecer con ellos la vida eterna, sabiendo que ya no habrá posible contagio de ningún coronavirus, ni nada que se le parezca. ¡Qué corta me parecerá allí mi existencia terrenal, aunque aquí sea de casi un siglo…!

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