La vía del sureste

Historia de una peregrinación desde Tíscar a Santiago de Compostela.

La Vía del Sureste - 10

Por Manuel Almagro Chinchilla.

San Miguel – Úbeda, 18 km.

El día 3 de julio, mucho antes del amanecer, salimos de San Miguel con dirección a  Úbeda. Previamente la alcaldesa, Pepa, se prestó voluntariosa a hacernos café, lo que le agradecimos efusivamente.

En el período de preparación de la ruta, ya vimos que no era posible utilizar el camino real conocido como “El paso”, entre Úbeda y Quesada, al estar invadido con plantaciones de olivos. Sería una buena labor reclamar de la Administración la restitución de este patrimonio público que ha sido usurpado. Esta vía contaba con un puente sobre el Guadalquivir, “Puente la Reina” (desaparecido; hay personas mayores que han oído hablar de su existencia), que estaba situado en las inmediaciones del mencionado vado del episodio del artículo anterior, donde también hay una central eléctrica de Sevillana. Tuvimos que seguir otros caminos, de los distintos que conducen a la Ciudad de los Cerros.

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La Vía del Sureste - 09

Por Manuel Almagro Chinchilla.

Quesada – San Miguel, 19,4 km.

Al día siguiente, 2 de julio, salimos de Quesada 8 peregrinos; un número que ya permanecería casi inalterable la mayor parte de la peregrinación. Tomamos la carretera A‑315; a un kilómetro cogimos un carril de tierra que sale a la izquierda y que toca el polígono industrial de Quesada. A cinco kilómetros pasamos por la aldea de Toya muy temprano, recién amanecido, con las brevas ya maduras y frescas de unas higueras muy bien vigiladas por los toyanos, cuyos gestos manifestaban una clara desconfianza que no invitaba, precisamente, a probar tan exquisito y autóctono fruto; nos quedamos con las ganas, para que luego se cacaree de la hospitalidad serrana, aunque en todo hay excepciones.

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La Vía del Sureste - 07

Por Manuel Almagro Chinchilla.

En conmemoración de esta efeméride, la Cofradía acuñó una edición numerada de medallas en forma de concha de vieira, según modelo diseñado por los peregrinos. En una de sus caras, la convexa, figuraba un relieve de la imagen de la Virgen de Tíscar, y en la cara cóncava se podía leer la inscripción: “Primera Peregrinación de Tíscar a Santiago de Compostela, 1999”. Este distintivo le fue impuesto a cada uno de los peregrinos a lo largo de la ceremonia religiosa y que después colgaron en la parte posterior de sus mochilas. El vaivén de la insignia, meciéndose al compás de los pasos, marcaría el ritmo de la peregrinación hasta Santiago de Compostela. Cargamos con un número de medallas suficiente como para ir entregando una en cada uno de los lugares donde pernoctamos o nos prestaron ayuda.

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La Vía del Sureste - 08

Por Manuel Almagro Chinchilla.

Las etapas

Día 1 de julio, Tíscar–Quesada, 14,7 km.

Abandonamos la plaza del Santuario y cruzamos la C-323 a la altura del lugar de El Vadillo, pasando sobre el río Tíscar, e iniciamos una fuerte subida hacia el puerto del mismo nombre, por una senda con un pronunciado desnivel, eludiendo la carretera. Las empinadas trochas y el sol pegando en las espaldas, que ya se dejaba caer como el plomo, empezaron a añadir peso a las mochilas. Coronamos el puerto, 1118 metros de altitud, donde existe una fuente con pilar, “Carboneras” de nombre, donde algunos desfogaron los primeros calores. Seguidamente, iniciamos la bajada, casi toda por la antigua senda aún existente. Llegamos 78 personas a Quesada, a la histórica Cruz del Humilladero de la entrada, importante hito peregrino y romero, ya que es el lugar donde oficialmente se recibe a la Virgen de Tíscar en las romerías. Casi todos los participantes eran de esta ciudad y se les entregó una credencial conmemorativa de la histórica jornada.

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La Vía del Sureste - 06

Por Manuel Almagro Chinchilla.

La salida.

Con obispo o sin él, el proyecto era inaplazable. Y en esas llegó el día 1 de julio. En la tarde anterior ya se habían concentrado en el santuario sacerdotes, algunos peregrinos con sus familiares, la junta directiva y hermanos de la Cofradía. Nos congregamos a lo largo de una mesa para tomar una frugal cena e intercambiar las últimas impresiones, en un vívido coloquio al fresco en la recatada plaza del santuario, antes de irnos temprano a descansar en el albergue de la Hermandad, a la espera del día siguiente. Hubo a quien el sueño le fue tan frugal o más que la cena.

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