La Vía del Sureste - 46

  • Imprimir

Por Manuel Almagro Chinchilla.

Días 15 y 16 de agosto

Sarria – Portomarín – Palas de Rei

La etapa Sarria‑Portomarín, del día 15, constaba de 21,5 km. Toda ella estaba salpicada de pequeños núcleos urbanos, con construcciones típicas de piedra y tejados de pizarra. Entre dos de ellos, Ferreiros y Pena, se encuentra el mítico km 100, distancia a Santiago. Poco antes de entrar en Portomarín, cruzamos el Miño, río gallego por excelencia; también portugués. Aquí dormimos en el polideportivo municipal.

El día 16 hicimos Portomarín‑Palas de Rei, 24 km. Las vacas disputan el camino a los peregrinos y terminan formando parte de la escena diaria, al igual que los hórreos centenarios, iglesias con cementerio incorporado, parroquias, caseríos…, cuyos moradores desbordan bondad y dulzura en su habla. Todo ello con un olor característico a vegetal fresco y a hierba recién cortada.

 

Paramos a comer en un mesón bastante original: “Casa A Calzada”. La regentaban dos mujeres que eran todo un alarde de simpatía y de buen ver: madre e hija. Se les notaba las ganas de agradar, pues sólo hacía nueve días que habían abierto el negocio y les pesaba como una losa la incertidumbre del éxito o el fracaso. La atención fue exquisita y generosa en extremo. Finalizados los postres nos invitaron a unos chupitos de “orujo”, término éste que algunos miembros del grupo no lo asociaban a bebida alcohólica semejante al aguardiente, sino al residuo que deja el prensado de la aceituna (viajar para aprender).

 

Creo que cuando se camina desmesuradamente, más aún si es con calor, las apetencias a tomar líquidos se desatan aunque sean alcohólicos. Después de los primeros chupitos, vinieron otros y después otros más… El que esto suscribe vio venir la que se avecinada y puso pies en polvorosa (nunca mejor dicho), pues aún había que llegar al final de la etapa, Palas de Rei, con tiempo suficiente para encontrar una tienda de campaña para dormir, pues la aglomeración de peregrinos era evidente. Las noches ya eran frías y no se aguantaba pasarlas al raso.

 

Los del orujo acabaron con él, siguieron con Pacharán, después lo mezclaron con Magno y ya no pudieron continuar con Licor 43. La moña que cogieron fue de antología. Salieron del mesón tambaleándose, cogidos con los brazos sobre los hombros, unos a otros, cantando “Asturias, patria querida…”. De esa guisa se presentaron al anochecer en el campamento. Lo que siguió después merece capítulo y película aparte.

 

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.