La Vía del Sureste - 33

La llegada a la Vía de la Plata

29 Julio.- Hervás – Fuenterroble de Salvatierra, 37 km. (1)

Salimos de Hervás bastante descansados, pues habíamos tenido un día libre de mochila. Ya había amanecido. Tan sólo a cinco kilómetros, estaba Baños de Montemayor, último pueblo al norte de la provincia de Cáceres, donde nuestro camino conecta con la Vía de la Plata. A las 8 de la mañana, tomábamos contacto con las losas milenarias que en algunos tramos cubren todavía la vieja calzada romana. Una mezcla de sudor y lágrimas, difíciles de disimular, mojan las piedras al besarlas. Habíamos finalizado el camino trazado por nosotros: la Vía del Sureste. Quedaban atrás los 611,7 kilómetros que nos separaban del santuario de la Virgen de Tíscar, con sus veintinueve días.

 

 

Cogíamos ahora un camino que hasta el siglo XIX era la principal vía comunicación que cruzaba de norte a sur la península Ibérica, entre Asturias y Huelva. Por ella circularon, dos veces y en distinto sentido, las famosas campanas de la catedral de Santiago; la primera, por orden de Almanzor, de Santiago a Córdoba; la segunda, por mandato de Fernando III, desde Córdoba a Santiago.

 

A partir de aquí, nuestra logística se limitaría a seguir las instrucciones de la guía editada por los Amigos del Camino de Santiago de la Vía de Plata de Sevilla, en la que figuran los albergues, lugares de acogida, distancias y los datos más sobresalientes de cada una de las etapas, por lo que no vamos a insistir en la ya publicado, sobre todo en lo que se refiere distancias.

 

Pasado Baños de Montemayor, donde existe un balneario romano de aguas termales, entramos en la provincia de Salamanca por el Puerto de Béjar. Se hace “obligatorio” pasar por casa Adriano, posada y comida; en nuestro caso, una pausa para desayunar. Se trata de un establecimiento regentado por dos hermanas y el marido de una de ellas. Reemprendemos la marcha y pasamos el puente de la Magdalena (Malena) sobre el río Cuerpo de Hombre. Inmediatamente, aparecen los primeros miliarios y nos vamos integrando en el paisaje adehesado típicamente salmantino, con ganado vacuno y porcino.

 

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