La Vía del Sureste - 12

Por Manuel Almagro Chinchilla.

Linares Baeza – Baños de la Encina, 23,7 km.

La ciudad de Linares la cruzamos al día siguiente, el 5 de julio,  antes del amanecer. Buscamos la salida hacia Baños de la Encina y, en un par de kilómetros, entramos en el típico paisaje adehesado de Sierra Morena ‑balcón de Sierra Morena, se dice de Linares‑. Con las primeras luces del día, destacan minas abandonadas, cuyas estructuras, con robustas y enhiestas chimeneas, se erigen sobrecogedoramente como espectros, vestigios de una boyante minería que tenía como materia prima a la galena argentífera.


A lo lejos, se va distinguiendo, cada vez más próximo, el colosal castillo almohade de Baños de la Encina. Su torre del homenaje luce la bandera de UE; junto al casillo de Florencia, son los únicos que tienen este privilegio dentro de la Unión. Por medio del cura párroco, Andrés Gaitán, nos acogen en el colegio de monjas “Cristo de los Llanos”; un hecho que fue motivo de controversia en el seno de la comunidad de religiosas, por la oposición que mostraron algunas de ellas a nuestra estancia.

El pueblo destaca por su monumentalidad, comparable a las de Úbeda y Baeza, siendo muy interesante la ligera visita realizada; mientras las primeras ampollas en los pies ya se dejaban notar, y a algunos nos acompañaron, inseparablemente, durante todo el camino hasta Santiago.

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