«Barcos de papel»

Historia safista, narrada por Dionisio Rodríguez Mejías.

“Barcos de papel” - Capítulo 14 f

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

6.- Sé lo que significa la falta de libertad, y he padecido el dolor del abandono.

Tanto me sorprendió la iniciativa que, como siempre, no supe qué contestar. Me imaginaba haciendo cola en la puerta de la Modelo junto a Roser y un matrimonio al que no conocía, mezclado con los familiares de otros presos, y eso no me gustaba; pero al ver que estaba a punto de llorar, no pude negarme.

 

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“Barcos de papel” - Capítulo 14 e

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

5.- Cuidado con Reyzábal.

Estaba seguro de que no me equivocaba. Aquella soflama había despertado mis sospechas y mis reservas; no obstante, como se había metido a todos en el bolsillo, cuando llegó mi turno procuré salirme por la tangente y no comprometerme más aún. Dije que sólo llevaba unos meses en un trabajo que apenas me daba para comer y que cada día tenía que levantarme a las seis de la mañana. Que me sentía unido a ellos por mis convicciones, y les aseguré que podían contar conmigo como un miembro solidario de su ideología; pero que en mi situación era una imprudencia comprometerme, sin tener la certeza de poder cumplir mis compromisos.

 

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“Barcos de papel” - Capítulo 14 c

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

3.- La Oveja negra.

Nunca he sido capaz de acercarme a donde no me llaman, ni buscar la amistad de quien no tiene interés en ser mi amigo. Por esta razón, estuve unas semanas sin hablar con Roser: ella asistía a las clases de la mañana, y yo no aparecía por la facultad hasta las cuatro de la tarde. En consecuencia, dediqué toda mi atención a los estudios, hasta que una noche, cuando subía por la escalera camino de mi habitación, sonó el teléfono del pasillo. Pensé dejarlo que sonara hasta que alguien se levantara a cogerlo. A mí nunca me llamaba nadie y estaba cansado de hacer de mensajero, sobre todo de “El Colilla”, pero en esta ocasión me pudo la curiosidad y pensé que, tampoco me costaba trabajo contestar.

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“Barcos de papel” - Capítulo 14 d

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

4.- Así trabajaba la policía. El comisario Campillo.

Al cruzar la plaza de Castilla, por uno de los callejones que bajan de la calle Pelayo a la de Tallers, nos encontramos al amigo Reyzábal. Nos saludó a los dos, nos hizo un montón de preguntas, me dijo que venía de la federación y que me felicitaba en nombre del doctor Bofill por el magnífico resultado del cursillo. Lo recibimos como se recibe a los amigos y prueba de ello es que Roser lo invitó a venir con nosotros a tomar unos vinos con los compañeros de facultad que nos esperaban en La oveja negra. Hizo una broma sobre la amistad entre Roser y yo y seguimos adelante.

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“Barcos de papel” - Capítulo 14 b

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

2.- En el pub Montecarlo.

—¿Lo de siempre señores? —preguntó Matías al vernos aparecer, mientras preparaba un cubalibre de Bacardí para “El Colilla”, y un gin-tónic de Gordon, con tres cubitos de hielo, para mí.

Le preguntamos por nuestro amigo, “El Grillo”, y nos dijo muy serio que ya no actuaba allí.No me gustó la explicación, pero no quise insistir.Lo había sustituidoun tipo alto, desgarbado, con barba, gafas oscuras,camisa negra, y un artístico crucifijo de oro que le colgaba sobre el pecho.

Subió a la tarima, miró a uno y otro lado de la sala, y la gente se empezó a reír. Con un vaso de whisky en una mano y un cigarrillo en la otra, empezó la actuación.

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