«Barcos de papel»

Historia safista, narrada por Dionisio Rodríguez Mejías.

“Barcos de papel” - Capítulo 16 e

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

5.- Alborotos en la calle.

Aunque estaban echadas las cortinas, de pronto se vieron centellear las luces giratorias de los jeeps de antidisturbios. Parecían relámpagos. Aullaron las sirenas y el rumor de las conversaciones bajó de forma considerable. La esposa de Santamaría se levantó y pidió permiso para hacer una llamada telefónica.

—Disculpadme. Estaré más tranquila sabiendo que ha llegado.

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“Barcos de papel” - Capítulo 16 d

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

4.-Alta sociedad.

Allí estaba la flor y nata de la sociedad barcelonesa. Sirvieron foie de Landes, canapés de salmón marinado, una degustación de caviar iraní y almejas vivas. Aquel no era mi sitio. Me costaba trabajo disimular mis nervios y mi inseguridad; bebí un sorbo de champán, pero con las almejas no me atreví. Nunca había visto cubiertos tan sofisticados como aquellos.

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“Barcos de papel” - Capítulo 16 b

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

2.- En la calle Tuset.

En la puerta nos esperaba “El Colilla” muy sonriente para despedirnos con su sarcasmo habitual.

—Vayan ustedes con Dios y que se diviertan.

—¿Quieres acompañarnos? Vamos a cenar —respondió Olga—.

—No; gracias. ¡Pasadlo bien, pero tened cuidado! ¿Sabéis quién dijo que la juventud y la prudencia suelen andar por caminos diferentes?

—Lo ignoro —le contesté—; pero tiene gracia, viniendo de alguien tan juicioso como tú. ¡Hasta luego!

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“Barcos de papel” - Capítulo 16 c

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

3.- Cena en Reno

Reno era el restaurante de moda en Barcelona. Allí se reunían empresarios, directores generales, autoridades y personas de la aristocracia y del gobierno. Estaba en la esquina de la calle Tuset con Travesera de Gracia, donde hoy está el restaurante Two Set. En el chaflán, había estacionados, en doble fila, varios coches de color negro con los cristales ahumados y la banderita de España en el alerón delantero. Los chóferes, con sus uniformes oscuros, fumaban y charlaban tranquilamente. En la entrada del restaurante, había un portero con gorra de plato y galones dorados en la casaca, que se quedó mirándome de arriba abajo y me dijo, arrugando el entrecejo:

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“Barcos de papel” - Capítulo 16 a

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

Juguetes del viento

Una historia que pudo ser la tuya.

1.-El plantón.

No me podía quitar de la cabeza que había comprometido mi palabra con Roser para visitar a Biosca en la cárcel Modelo. Estaba en mi habitación divagando sobre el enredo en el que me había metido, sin poderme concentrar en el libro de Mercantil que tenía abierto sobre la mesa, cuando entró “El Colilla” a pedirme un cigarrillo. Le ofrecí el paquete, cogió uno, tuve que darle fuego y me dijo con enorme satisfacción.

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