«Barcos de papel»

Historia safista, narrada por Dionisio Rodríguez Mejías.

“Barcos de papel” - Capítulo 20 g

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

7.-Como en el cine.

El último día aparcamos junto al Paseo Marítimo y acabamos en el Cactus, una conocida discoteca con música suave y poca luz. Entrando a mano izquierda, en la zona más oscura, había unos columpios en donde las parejas se balanceaban y se metían mano con absoluta tranquilidad. Hasta allí nos condujo el camarero, nos preguntó qué íbamos a tomar, pedimos un par de cubalibres y Olga empezó a columpiarse como una criatura. De cuando en cuando, se giraba para hablarme, y me rozaba el brazo con uno de sus pechos: concretamente con el izquierdo. Encendimos un cigarrillo, tomamos unos tragos del cubata y me dio un mordisquito en la oreja que yo tomé como una invitación al abordaje.

Leer más: “Barcos de papel” - Capítulo 20 g

“Barcos de papel” - Capítulo 20 f

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

6.-Asesor de inversiones.

Vender en Borrás Asociados S.A., era mucho más fácil. Llamabas por teléfono, te presentabas como asesor de inversiones, y concertabas una entrevista con el gerente de la empresa. Una vez allí, abrías el dossier, le mostrabas las fotos de unos edificios de apartamentos en primera línea de mar, le decías que el dinero en el banco no daba nada ‑cosa en la que todo el mundo estaba de acuerdo‑, y te ponías a hablar de la necesidad de rentabilizar los ahorros comprando propiedades sólidas y de futuro. O sea, apartamentos en la Costa del Sol con una rentabilidad excepcional que triplicaba el porcentaje que ofrecían Bancos y Cajas de Ahorros en las imposiciones a plazo fijo. Tenías garantizado el doce por ciento por la renta de los inmuebles, y además te aseguraban una plusvalía entre un quince y un veinte por ciento anual. Con absoluta seguridad, se podía estimar una rentabilidad de un treinta por ciento anual garantizado.

Leer más: “Barcos de papel” - Capítulo 20 f

“Barcos de papel” - Capítulo 20 d

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

4.-Un encuentro sorprendente.

Una de aquellas noches, estábamos en la pista tan acaramelados, cuando se abrió la puerta de la calle y entró quien menos podía yo imaginar: Federico, “El Grillo”, mi antiguo compañero del colegio de Buenavista, con quien “El Colilla” y yo habíamos estado tomando unas copas en el pub Montecarlo y recordando anécdotas del colegio en su época de cantautor. Se había afeitado la barba, llevaba un traje claro, como de seda, invitaba a todo el mundo y tiraba el dinero a manos llenas. Parecía el jefe. Iba rodeado de una corte de tíos con pinta de chulos pendencieros y unas rubias, guapas y escotadas, que no paraban de beber champán y de reírle las gracias. En un momento, se hicieron los amos del local.

Leer más: “Barcos de papel” - Capítulo 20 d

“Barcos de papel” - Capítulo 20 e

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

5.-El padre Fernández Marín.

Con Olga me cruzaba de cuando en cuando, al entrar o salir de la pensión; se reía de mí, me preguntaba que cómo me iba con las tías, y decía que estaba muy guapo con el pantalón gris y la chaqueta de azul marino. Algunas noches, ponía el disco que le había regalado y, al escucharlo, yo experimentaba una sensación de gozo tan intenso que cerraba los ojos y me quedaba así, hasta que la música terminaba.

Leer más: “Barcos de papel” - Capítulo 20 e

“Barcos de papel” - Capítulo 20 c

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

3.-Las noches locas de Barcelona.

Pero, con el tiempo, descubrimos el corazón de aquella Barcelona irrepetible, y nuestra fascinación por los locales de diversión nocturna nos llevó a convertirnos en asiduos de algunos de ellos. Pasábamos horas y horas en el Jamboree Jazz Club de la plaza Real, escuchando al saxofonista Lou Bennet, o el piano del mítico Tete Montoliú; deambulando hasta altas horas de la madrugada por el Barrio Chino ‑hoy Barri del Raval‑; tomando cubatas y disfrutando del espectáculo del “Barcelona de Noche”, un cabaré de travestis en el número cinco de la calle Las Tapias.

Leer más: “Barcos de papel” - Capítulo 20 c

Información adicional