«Barcos de papel»

Historia safista, narrada por Dionisio Rodríguez Mejías.

“Barcos de papel” - Capítulo 27 e

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

4.- El fraude.

Cuando le expliqué el plan con todos los detalles le pareció muy interesante. Asentía con la cabeza y, de cuando en cuando, me pedía alguna aclaración hasta que deduje por su pregunta, que había mordido el anzuelo.

—Y, en caso de estar interesado, ¿cuál sería el importe de las participaciones?

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“Barcos de papel” - Capítulo 27 d

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

4.- Cayendo por la pendiente.

Como no disponía de joyas ni objetos de valor, pensé en vender el coche y los libros para sacar algo de dinero, pero muy pronto descarté la idea: un vehículo usado pierde mucho valor y aún me quedaban letras por pagar. En cuanto a los libros, a aquellas alturas no me hubieran dado por ellos casi nada. Pasé el fin de semana dándole vueltas al asunto, hasta que harto de descartar los disparates que me venían a la imaginación, di con la clave. Fue como un relámpago. Era indecente, de acuerdo: pero era también la única forma de conseguir el dinero que necesitaba. Sabía del riesgo que corría, pero cuando se necesita dinero con urgencia lo único que importa es conseguirlo; por esa razón me lancé hacia aquella locura. Pensé que la persona ideal para llevar a cabo el disparate era mi antiguo jefe, el señor Emilio Fabregat. Analicé el programa, estudié hasta los últimos detalles, decidí que el lunes no era el mejor día para esta clase de negocios, y esperé a la mañana del martes para poner en práctica mi plan.

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“Barcos de papel” - Capítulo 27 b

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

2.- Un asunto delicado.

El trago más difícil fue cuando le dije que me acompañaba una chica de la que estaba enamorado. Entonces estas cosas estaban muy mal vistas. Hubo un largo silencio y, como tardaba tanto en responder, llegué a creer que la comunicación se había cortado.

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“Barcos de papel” - Capítulo 27 c

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

3.- Mi mejor amigo.

—Qué pasa, Mosquito… ¿No me das un cigarro?

Saqué el paquete del bolsillo y se lo di.

—Fuego…

Encendió el cigarrillo y se me quedó mirando fijamente.

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“Barcos de papel” - Capítulo 27 a

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

1.- Preparando la fuga.

En cierto modo, era como si nos casáramos: necesitaba saber adónde iríamos a vivir, contar con un empleo para hacer frente a los primeros gastos, y comprarle un anillo de compromiso. Si había tenido el valor de dejar a Santamaría, y estaba dispuesta a marcharse conmigo, era porque me quería. Ahora era a mí a quien correspondía dar el paso siguiente, y pensar en el futuro que nos aguardaba. El reto era importante, pero los dos estábamos decididos a olvidar aquellos días de malestar, iniciar una nueva vida, y vivir juntos y felices para siempre. La idea me ilusionaba, pero había momentos que me invadía el pesimismo por lo mucho que dejaba detrás de mí. Estaba a punto de terminar la carrera, contaba un trabajo estable y empezaba a ganarme la vida con cierto desahogo. Por otra parte, me había convertido en un barcelonés que hablaba con soltura el catalán, vivía en una ciudad maravillosa, y empezaba a vestir con cierta distinción. Y, en cuanto al porvenir que me aguardaba, no podía ser mejor si aceptaba la propuesta de Vilanova. De no ser por Olga, nunca se me hubiera pasado por la imaginación dejar esta ciudad.

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