«Barcos de papel»

Historia safista, narrada por Dionisio Rodríguez Mejías.

“Barcos de papel” - Capítulo 01 e

5. Un encuentro inesperado.

Cuando se marchó mi madre, el padre Velasco le dijo a Yolanda que me acompañara al dormitorio. Cruzamos el patio de columnas, salimos al jardín y nos dirigimos, a mano izquierda, hacia un gran edificio de color ocre con grandes ventanales de donde venía un denso olor a sopicaldo de hospital. En la otra dirección, se oía el griterío de los niños que jugaban al fútbol. El dormitorio era rectangular con tres hileras de camas, perfectamente alineadas.

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“Barcos de papel” - Capítulo 01 d

4. Los niños que nunca fracasaban.

Tres meses después, el sacerdote se presentó en la escuela a última hora de la tarde. Por su forma de mirar, noté que hablaba de mí con el maestro. Supongo que le diría que no era un niño demasiado travieso y que tenía buena memoria, porque, al mes siguiente, recibimos una carta diciendo que me habían admitido en el colegio de los jesuitas de Buenavista, un pueblo a sesenta kilómetros del mío.

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“Barcos de papel” - Capítulo 01 b

2. Mi amigo “El Colilla”.

Nací en Pinares, un pueblo recostado en la ladera de la sierra entre bosques de pinos y olivares, cerca de un río, alejado del tren y de la carretera general. Tenía una plaza con porches y columnas de piedra desgastadas por las inclemencias del tiempo; una iglesia con un nido de cigüeñas; una fuente; un reloj que pregonaba las horas, inexorablemente, y dos campanas que tocaban a misa por las mañanas, y llamaban al rosario por la tarde. La plaza era el campo de juegos de la chiquillería.

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“Barcos de papel” - Capítulo 01 c


3. Cuando duelen los años de la infancia.

Mi madre cambió mucho. Perder a un marido cuando se es tan joven es un sufrimiento que la mente no alcanza a comprender. Se negaba a aceptar que a los veintiséis años se había quedado sola para siempre. Apenas me miraba; pasaba los días sin hablar y casi sin comer, encerrada en sus pensamientos, angustiada por tanta soledad. Apenas se preocupaba de mí. Tardé mucho tiempo en comprenderla: esa soledad sólo puede entenderse cuando se vive y se sufre en carne propia. La muerte de mi padre la había desquiciado.

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“Barcos de papel” - Capítulo 01 a

Introducción

En el año 1940, unos meses después de haber finalizado la guerra civil española, un jesuita idealista y soñador se propuso fundar una institución que acogiera a las víctimas inocentes del conflicto: los niños. Desde aquel momento tan tenebroso de nuestra historia, cientos de miles de niños andaluces se educaron en sus aulas y pudieron afrontar el futuro con seguridad y garantías. Esta es la historia de dos de aquellos niños: Alberto, “El Mosquito”, y Emilio Soto, más conocido como “El Colilla”. Esta es una historia que, como algunas películas de cine, está basada en hechos reales.

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