“Barcos de papel” - Capítulo 14 a

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

Una historia que pudo ser la tuya.

1.- El cuento de las chavalas en la nieve.

La pensión tenía el aspecto solitario y tristón de los fines de semana. Aparte de Catalina, que andaba entregada a sus quehaceres, no encontré a nadie más. Las chicas estarían de fiesta con Balastegui y algún amigo suyo; el matrimonio habría ido a Tarragona a visitar a la madre del señor Sindreu, que ya estaba muy mayor, y Olga, vaya usted a saber dónde andaría. Echaba de menos la música del tocadiscos, el agua de la ducha y el gracioso golpeo de sus tacones sobre el terrazo de su cuarto. Supuse que “El Colilla” estaría en el café de Saturnino, contando alguna de sus aventuras navideñas y, por una parte, hubiera preferido no pasar por allí, por no aguantar sus bromas de mal gusto; pero, por otro lado, no me apetecía soportar una soledad no deseada. Lo cierto es que me armé de valor y me fui en su busca. Menos mal que por una vez estaba solo.

—Hola Paquito Ochoa. ¿Qué tal tu carrera deportiva? ¿Eso de las estaciones de esquí es como sale en el cine o es algo más normal y menos aparatoso?

—Qué quieres decir…

—Pues eso, que si las estacionesde esquí están llenas de ricachones y tías buenas, o hay gente normal como nosotros. En dos palabras, que me expliques cómo te lo has pasado. Coño, que no me entiendes.

—Escucha, Emilio; una cosa te voy a decir. Las estaciones de esquí son como son, pero una cosa tengo muy clara: no pienso volver.

—Joder, “Mosquito”, yo que pensaba acompañarte a Sapporo a limar algún defectillo sin importancia. Porque supongo que algún margen de mejora admitirás, ¿no?

—Emilio, no me toques las narices, que acabo de llegar. Y tú,¿cómo llevas los negocios con “El Grillo”?

—Bueno, a “El Grillo” no lo he vuelto a ver; pero estoy pensando en montar un grupito con otros dos que actúan con él en el Montecarlo, formar un trío, yproducirunas maquetas… pero eso sí;luego cada uno sigue con su trabajo.

—Vale ya; vamos a hablar en serio, ycuéntame cómo andan las cosas por aquí.

—¿Por aquí? ¿A qué te refieres? ¡Ah! Lo dices por Olga. ¡Cómo te tiene! ¡Andas “colgao” total! Pues ya te dije que está en un congreso de médicos, me parece; pero si no me equivoco, mañana o pasado la tienes aquí. Oye, cuéntame alguna aventura en la nieve. ¿Había chavalas?

—¡Chavalas! Aquello era un no parar mañana, tarde y noche, rodeado de críos a todas horas; uno con fiebre, otro que se cae en una bajada, alguno que no puede comer de esto o aquello… en fin, que ya tenía ganas de llegar.

—No me lo creo. Estás muy moreno. Anda, cuenta, ¿has perdido la virginidad? ¿Había tías buenas de verdad, o sólo cacatúas y callos revenidos? ¿Te has tirado a alguna o sigues virgen? Cuenta, coño, cuenta, que estaba deseando que vinieras.

—Emilio, si sigues por ese camino, aquí te quedas. Sabes de sobra que no me gustan esas bromas. Hay muchas formas de disfrutar con una chica sin necesidad de acostarse con ella.

—Lo que me imaginaba. ¡Sigues virgen! Me das una pena… si te dejaras aconsejar por mí, otro gallo te cantaría.

—Bueno hombre; pues ya que insistes, te contaré la verdad con todo lujo de detalles, como a ti te gusta. ¿Vale? Mira, tú cuando llegas a la estación, nada más entrar al hotel, te entregan un montón de tarjetas de visitas con tu nombre y el número de la habitación. Entonces te sientas en el salón y a cada chavala que pasa por tu lado le dices: «Oye, perdona,te voy a dejar mi tarjeta para que cuando quieras echar un quiqui no tengas problemas; o sea, para que sepas cuál es el número de mi habitación y me llames por mi nombre. ¿Vale?». Entonces la niñata te da las gracias, se guarda la tarjeta en el bolso y apunta en su agenda el número de la habitación, no vaya a ser que se le olvide. Luego, al acabar de cenar, se da una duchita, se perfuma, llega a tu habitación y te dice: «Oye, que ya no aguanto más, que le he estado dando vueltas al asunto y tengo unas ganas de marcha que me muero». Pasáis la noche en la cama y por la mañana, la tía, antes de bajar al desayuno te dice: «Oye, que eres un monstruo y que has estado divino. Por cierto, ¿te ha sobrado alguna tarjeta? Lo digo porque ahora mismo voy a contárselo a mis amigas. Y al final tienes que darles hora para que no se amontonen a la puerta de tu habitación». ¿Te ha gustado? Pues eso es lo que pasa. Ya lo sabes.

—Joder, “Mosquito”, qué poca gracia tienes. Eres más triste que Martín Villa. Anda, vamos al Montecarlo a charlar un rato con “El Grillo” a ver si encontramosun par de chavalas.

 

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