“Úbeda, ciudad de leyenda”, y 02

Por Fernando Sánchez Resa.

Otra leyenda que nos explicó la guía es también del siglo XVII, refiriéndose al actual mercado de abastos, en donde tenían un convento las Madres Dominicas, llamado Convento de la Coronada. Se refirió a la Monja varón, bautizada como Catalina cuando la dejaron en su torno, porque una familia pudiente de Sabiote no podía ni quería arrostrar el desliz tenido.

Allí la criaron las monjas con sumo mimo, empleándola en sus propios menesteres, haciéndola monja al fin. Pero ella, conforme crece, va notando cosas en su cuerpo que no observa en la de sus compañeras de profesión, pues a ellas la regla les acude puntualmente todos los meses, manchando su entrepierna; lo que no le ocurre a ella, por lo que se flagela duramente y la sangre vertida le sirve para manchar su ropa interior, simulando tener la menstruación. Hasta que llegan sus 17 o 18 años y como estaba en el mes de junio, al tener mucho calor, tras el trabajo realizado y estar todas sus compañeras durmiendo la siesta, fue a bañarse a la alberca, mientras en su desnudez florecen unos atributos masculinos desconocidos hasta la fecha; y mira por donde la descubre una de ellas, asustándose ante la presencia de sus órganos sexuales de hombre que no de mujer. Ya no la llaman Catalina sino Gaspar, por lo que ha de dejar el convento ante el escándalo producido.

Su historia posterior tiene dos versiones. La que explica la guía: que se mete a soldado y marcha con los tercios españoles luchando por Europa hasta que entrega la vida en Italia; y la que seguramente es más triste y verdadera, y que no quiso explicar la guía por no agriar el momento dulce en el que nos encontrábamos todos, pero que como la conozco, la cuento. Cogió tal depresión, la famosa Catalina, al tener que abandonar su amado convento de la Coronada, en el que se había criado toda su vida, que no levantó cabeza ni se hizo o sobrepuso a la vida civil, por lo que murió pronto y de pena…

Y, para finalizar, la pareja interpreta la tercera leyenda: La del trovador y su dama. Por esta tierra nuestra también había, por aquel entonces, los ciegos cuenta-romances. Uno de ellos era muy famoso y natural de Úbeda, aunque afincado en Granada, y se llamaba Gaspar de la Cintera. Tenían, estos señores, privilegios como no pagar impuestos por su dura labor ejercida en la trashumancia por plazas y ciudades de nuestro solar patrio. También había trovadores que cantaban canciones picarescas y amorosas. Los primeros nacieron en Francia. Aquí era conocido un tal Martín Codax (siglos XIII-XIV), que era un trovador gallego.

Y el actor-trovador de nuestra teatralización bajó por la escalera del museo con su guitarra, hasta llegar al patio en el que nos encontrábamos todos, y fue cantando a ciertas damas del auditorio, que le hicieron tilín por su belleza o presencia. E interaccionó con el público mediante improvisadas canciones amatorias, salpicadas de risas y aplausos, y con una frescura exquisita; hasta que apareció su pareja femenina, ataviada de un semblante feo y desdentado y con unas ropas mendicantes, lo que hizo las delicias del público; pues, además, comprometió a ciertos varones del público, que iban acompañados de sus esposas o parejas, sacando a dos de ellos para que le recitasen canciones y le hiciesen creer que era una bella dama de la que estaban fielmente enamorados…

La hilaridad y el buen humor se apoderaron de todos hasta que, tras los sesenta intensos minutos vividos, los protagonistas de este evento dieron las gracias al encendido público que los premió con sinceros y fuertes aplausos, deseándonos a todos un feliz Día de Andalucía.

La guía pidió expresamente un fuerte aplauso para el grupo de actores de Atlante, porque nos habían hecho gozar de momentos festivos inolvidables, que rememoraríamos durante todo el día y aquella noche u otras madrugadas en nuestros amables sueños, afirmándonos en la suerte que habíamos tenido al asistir a ese gracioso y legendario espectáculo.

Parte del público quedó visitando las distintas salas de la Casa Mudéjar o Museo Arqueológico y el resto marchamos por las calles y plazas ubetenses buscando volver a sumergirnos en más historias reales o imaginarias; sin olvidar calmar nuestra hambre, sed y ganas de vivir en cualquiera de los muchos bares y restaurantes que Úbeda atesora y ofrece al visitante, tan desinteresadamente, ofreciéndonos otra sesión de turismo gastronómico renacentista en esta capital de La Loma y del mundo, como nos repitió nuestra amable guía…

Úbeda, 16 de marzo de 2017.

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