¡Feliz Navidad!

Se nos llena el alma en estos días, de buenos sentimientos, de comprensión, y de amor fraternal. Miramos a la gente con ojos alegres e indulgentes, con propósito de olvido y de perdón, de borrón y cuenta nueva, y de pelillos a la mar. Las calles se inundan de música alegre y sosegada, y el hogar se viste de abetos de cuyas ramas cuelgan luces, estrellas y cintas de colores.

La Navidad es un tiempo maravilloso. Es la etapa del triunfo del bien, el cese de las malas pasiones, la huida del lobo, la pausa del mal. Los niños observan el mundo, boquiabiertos, y su imaginación se colma de sueños imposibles. Y a estas alturas de la vida uno se pregunta si no sería posible que estas fechas arrancasen en enero y continuasen así hasta el mes de diciembre.

Sería muy hermoso podernos desear cualquier mes y cualquier día del año, una FELIZ NAVIDAD. Estaría muy bien que empezáramos a entrenar cuanto antes, a ver si somos capaces de conseguirlo. No pierdo la esperanza. Me pasa como a esos niños que han pasado la infancia en un orfelinato: como nunca tuvieron el calor de una familia, siguen creyendo en los Reyes Magos.

 

 

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