“Los pinares de la sierra”, 88

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

6.- Los sabios consejos del amigo.

Al salir del cuartelillo, lo primero que hizo María Luisa fue dirigirse a las oficinas de Edén Park para contarle al señor Bueno lo ocurrido. Al principio, pensó que no habría nadie, pero oyó risas en uno de los despachos; se acercó y encontró a la señorita Claudia hablando por teléfono. Después de saludarla, preguntó por el señor Bueno y Claudia la acompañó hasta la sala, donde estaba el jefe de ventas. Iba tan afectada que daba pena verla. Se le había corrido el rímel de los ojos, tenía manchada la pechera y su cara parecía un cuadro de pintura abstracta. A pesar de ello, el señor Bueno no se echó a reír, sino que le dijo que estaba muy guapa, y la escuchó con atención hasta que terminó de explicarle su tragedia.

―Muy bien, señora. Y, ¿usted qué piensa hacer?

―Pues eso es lo malo: que no sé qué hacer. Le había dicho a mis clientas que iríamos a Andorra a pasar la luna de miel, y hasta tenía hecha la lista de encargos; ya sabe: cremas, perfumes, tabaco de contrabando, y hasta un Cartier para la señora del médico. Vengo a contárselo para que me aconseje, porque, aunque sé que algunas de ellas se pondrán de mi parte cuando lo sepan, para darme ánimos, estoy segura de que la mayoría se reirá de mí y se irá a hacer puñetas el proyecto, que teníamos Damián y yo, de venderles unas parcelas. ¿Me comprende? No sé qué hacer. Después de conocerlo el día de la fiesta, mis clientas lo admiraban y respetaban.

Con absoluta serenidad, Bueno le pidió que se calmara.

―Señora, si usted no quiere que se sepa, nadie tiene que enterarse de lo ocurrido.

―Pero, ¿qué les digo cuando me pregunten por los regalos?

―Sencillamente, que ha surgido un contratiempo inesperado, y ustedes se han visto obligados a aplazar el viaje. ¿Qué le parece?

―Eso no está mal, pero ya sabe cómo son las mujeres. Querrán saber los motivos del aplazamiento.

―Muy bien; a las que sientan curiosidad por saber las razones, les dice que ha tenido que desplazarse a Marbella, con urgencia, para hacer unas gestiones importantes. Por ejemplo, comprar unas fincas por cuenta de Edén Park, y continuar en Andalucía el plan de expansión de la promotora. ¿Qué le parece, María Luisa?

―Eso me parece muy acertado ―dijo, sonriendo por primera vez―. Es usted una magnífica persona. Dios se lo pague, señor Bueno. Nunca podremos pagarle lo que ha hecho por nosotros esta mañana.

―Ha sido un placer. Y no lo olvide; la prudencia es el distintivo de las personas inteligentes. O sea, que su “esposo” está en Marbella en viaje de negocios. ¿De acuerdo?

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