La fe del carbonero

Por Salvador González González.

Hoy, al hilo de planteamientos filosóficos de algún compañero de los que escriben en este foro (“La fortuna”, “Muerte digna”…), algo que, creo de vez en cuando, también viene bien. A mí, siguiendo esa senda, se me ha encendido la vena introvertida, abusando del lector que quiera leerlas reflexivamente, por lo que hago lo propio.

Los que fuimos educados en un espíritu crítico y analítico, como casi seguro todos los que pasamos nuestra etapa educativa en nuestra SAFA, nos sirvió muy mucho para múltiples aspectos de nuestra vida: ampliación de estudios, búsqueda de nuestro futuro profesional, y tantas otras facetas de nuestra existencia, que cada cual podrá enumerar según lo vea desde su peculiar prisma de vista.

Igualmente, con mayor o menor fortuna, recibimos una educación religiosa con las típicas dudas que siempre nos han acompañado, unos más otros menos, a lo largo de nuestro deambular y aún seguro que perduran .Pero, precisamente, por ese espíritu crítico y analítico he llegado a la conclusión, que en temas de, pensamientos sobre cuestiones trascendentes, fe y creencias religiosas, no es un buen recurso para el mantenimiento de esas vivencias o creencias. Porque los interrogantes, muchos de ellos apenas que los mantengamos y exploremos, nos hacen incrementar casi con toda seguridad en esas dudas y complicaciones, muchas de ellas sin solución de continuidad.

Cuando veíamos argumentos en su día, vendidos por ejemplo como fórmulas de demostración de la existencia de Dios, la verdad es que muchos de ellos tenían muchas “pegas”. Las llamadas vías Tomistas (las famosas cinco vías) y tantas otras. A mí, en concreto, la que más me convenció “a medias” fue el Argumento de San Anselmo, que parece “prima facie” muy simple, pero que tiene una gran carga de profundidad. Tengo la idea de un ser perfecto, luego debe existir porque, si no existiera, dejaría de ser perfecto, ya que le faltaría una cualidad, la de su existencia. Pero, con la misma rotundidez, llegué a la conclusión de la existencia de un solo ser, usando también el razonamiento. Si hubiera más de un ser, por ejemplo dos seres, ¿qué sería lo que distinguiría a uno del otro? Nada. Es decir: no ser por tanto entre ellos, habría una no existencia alguna; consiguientemente, el primer ser se identificaría con el segundo; por ello, lo que existiría sería un solo ser, por la imposibilidad de que existiera otro separado de él, mediante la nada, es decir, la no existencia (Panteísmo=Universo).

Obviamente, algunos me dirán que esto puede ser refutado fácilmente, y no les falta razón. Pero pongo estos ejemplos para que veamos adonde nos puede llevar nuestro razonamiento .No quiero recalcar, si a ello le sumamos, cuestiones más concretas que se nos presentan sobre temas ya metidos más de lleno en la propia Religión Católica, imperante en la mayoría de nosotros y de la que, como he dicho en mi caso, me siento integrado en ella por haber sido educado desde pequeño y desarrollado y ampliado en nuestro centro, durante nuestra vida académica.

De seguro, a algunos como a mí, se habrá planteado interrogantes de difícil solución, a modo de ejemplo y a bote pronto por ejemplo; y, por poner algunas, estas: De pasado, ¿por qué hubo que esperar tantos años a que se produjese la venida de Cristo a redimirnos? Tuvo que pasar las etapas de Prehistoria, Paleolíticas, Neolíticas, etc., hasta el advenimiento de Cristo en Palestina, con culturas importantes que desconocieron su mensaje y su misión salvadora: Egipto, celtas, iberos, amerindios, y un largo etc. O de futuro. Cada día se descubren nuevos exo-planetas con posibilidades de existencia de vida sobre ellos. Si apareciera alguna forma de vida inteligente (cosa que parece puede suceder, aunque sea muy remotamente), ¿la Salvación de Cristo le alcanzaría a ellos? Es decir: ¿tendría carácter cosmológico? Igual que ahora decimos universal, porque vino para los judíos y los gentiles, ¿podríamos decir que a ellos también alcanza esa salvación?, o estos tendrían otro tipo de existencia. ¿Igual estos, en su caso, no fueron echados de ningún paraíso, por desear comer la fruta del bien y del mal, como ‑dice la Biblia‑ hicieron nuestros primeros padres?

Recuerdo una tesis que decía que Dios conoce hasta “los futuribles”, es decir, aquellas cosas que no llegaron a ser, pero que pudieron ser. Ejemplo: que en lugar de que Caín matara a Abel, hubiese sido al revés, lo cual hubiera desencadenado otros hechos; pues bien, según esa tesis, la Omnisabiduría divina podría conocer esos hechos que no sucedieron, pero pudieron suceder, lo que obviamente nos lleva a conclusiones imprevisibles (Dios Omnisciente puede conocer el destino final de la “otra vida” tanto la que es, como la que pudo ser. ¿Dios puede conocer esos dos supuestos y deja que suceda uno de ellos? ¿El eterno problema de la predestinación desde otro enfoque?).

La rama del conocimiento empezó con la Filosofía, que primigeniamente abarcaba todo el saber de su tiempo (los últimos filósofos conocían todo lo relacionado con el conocimiento existente en su época). A medidas que el saber se fue incrementando, se fueron desgajando otros saberes para formar disciplinas distintas: Física, Química, Matemáticas, etc.

Quedando la Filosofía sólo para el estudio “de las ultimas causas de las cosas”; pero, a medidas que estas han ampliado su campo, se está produciendo una regresión hacia la Filosofía; por ejemplo, si nos entramos en la Física Cuántica, casi nos salimos de la lógica, de lo que hemos venido en llamar mundo físico y nos adentramos en paradojas, para las que, con toda probabilidad, necesitaremos recurrir de nuevo a la Filosofía; y otro tanto sucede en otras materias. Por ejemplo, las Matemáticas, con sus axiomas euclidianos, están siendo hoy superados y/o cuestionados.

Como vemos, el asunto tiene su “miga”; por eso, yo he llegado a la conclusión; me pueden poner por ello la etiqueta que quieran, que lo mejor es refugiarse en la fe del carbonero, es decir, seguir las orientaciones y hábitos adquiridos y no entrar en más disquisiciones y así, en lugar de dar un salto en el vacío, refugiarnos en supuestas creencias que nos enseñaron nuestros padres y tutores (basados en una especie de contrato de buena fe, que no ponemos en duda por venir de aquellos a los que tanto debemos), para, al menos, albergar la esperanza de que ese salto, no es hacia un vacío absurdo (recuerden a la filosofía del absurdo) y, con ello, cubrimos una aspiración que está en todos los seres vivos con capacidad de expresar sus sentimientos: el deseo de perdurar siempre y con plenitud de existencia y sin la precariedad que, con el devenir y el paso del tiempo, nos vamos depreciando físicamente, poco a poco, llegando hasta que se produzca el desenchufe total de la existencia, hoy por hoy ineludible y seguro ¿qué perdemos con ello? ¿Es una quimera? ¿Si así lo fuera y qué? Al menos, como dijo Tierno Galván (el viejo profesor): «Dios se acordará, llegado el caso, de los buenos agnósticos».

Lo siento; hoy me ha dado por esto y os lo traslado, amablemente a todos. Espero que me disculpéis por ello, si no os parece oportuno.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Información adicional