Botella, el concejal falto de oportunidad y sentido estético

Por Salvador González González.

Para seguir con lo expuesto por el compañero Dionisio, sobre que el Barça “es más que un club”, y su genial comparación con los estertores de las tribus soberanistas y la situación de la sociedad catalana, que la compara metafóricamente con el club de fútbol del Barça -por cierto, con superación de la eliminatoria de Champions-, a la heroica, al más estilo “furia española” (por más que le pese a algunos), hasta en esta remontada se ve la impronta genuina hispana; aunque no ha faltado tiempo para intentar otros llevar “el agua a su molino”: Puigmont.

No hay nada imposible. El Barça lo ha demostrado, Cataluña lo hará, sin hacer notar y caer en la cuenta que, precisamente, en esa noche de remontada, casi todos -yo diría que la mayoría-, abandonaron las esteladas y animaron con los colores del club, cosa que quiere decir algo: cuando no se divide ni se confrontan, las metas que interesan se logran. Hoy, todos los aficionados culés de toda España, lo estarán celebrando. Yo no lo soy. Mis equipos son dos: el Málaga y el Betis; pero, aquí en mi pueblo, hay una peña barcelonista con bastantes socios, que apoyan al club en lo deportivo. Disfrutaron y se alegraron enormemente con la superación del 4 a 0 de la ida mediante un 6 a 1 final, a favor del Barça; pero no les gusta ni están interesados en otras zarandajas, obviamente.

Este suceso, que ahora utilizo como base para este artículo de opinión, corrobora cómo se está imitando, en otros lares, ese enfrentamiento y ataque a los valores de una gran mayoría; en este caso, en una muy querida ciudad andaluza, con el “sin sentido” de acciones de algunos pusilánimes investidos de falsa autoridad. Me estoy refiriendo al episodio grotesco, patrocinado por el concejal de El Puerto de Santa María, disfrazado de sacerdote, y con una estola del Barça.

Creo que habría que, al menos, examinar de buen gusto a los futuros concejales, ya que no se les exige un nivel de cualificación razonable, para desempeñar su labor al frente de un consistorio, como sería deseable, habida cuenta de lo que vemos y observamos -en algunos- en sus intervenciones; que, al menos, tengan buen gusto y sentido de la oportunidad y mesura; son cosas -creo- que sí pueden exigirse como “mínimo común denominador” a todos los que van a ejercer de ediles municipales.

Es lamentable el desprestigio y la imagen dada por este -llamémosle “caballerete”-, por no emplear otro adjetivo que le cuadraría mejor, al hilo de su “actuación”, en la celebración de una boda civil en El Puerto de Santa María.

Al oír la noticia, me vino a la mente el recuerdo de mi compañero-amigo, “paisa”, Diego Verdera Casanova, q.e.p.d., que, amante como lo era de todo lo relacionado con las comparsas, el disfraz y la farándula, le daba, a todo lo que hacía, esa dignidad y gracia, con ese estilo tan peculiar que, como él, todos los de El Puerto de Santa María imprimen a sus haceres.

Este individuo, llamado Botella, ha tirado por la borda todo eso y, con su acto, ha puesto en la picota y desmerecido la gran calidad humana que los vecinos de esta ciudad, tan andaluza y abanderada -por otro lado- del talento, el buen gusto y la cultura; no en vano, en ella y en un colegio de jesuitas como el nuestro de la Safa -el de San Luis Gonzaga-, se educaron Rafael Alberti, con una fundación que lleva su nombre en la ciudad; o, algo anterior, el poeta Fernando Villalón, o Juan Ramón Jiménez -el de nuestro “Platero y yo”-, o Muñoz Seca -el de “La venganza de Don Mendo”-, entre otras.

Estamos atravesando una etapa en que, los que se dicen que son la renovación de lo que llaman “la casta”, en su acontecer, no vemos más que ataques y menosprecio a valores que, aún a una gran mayoría de personas, les dice muy mucho. Claro…; como siempre se van de rositas, porque, cuando son puestos a disposición judicial, se refugian en una supuesta “Libertad de expresión”, que casi siempre ampara esas burlas; cuando no, como en este caso, el mal gusto, con provocación hacia los que esas creencias y ritos les son queridos, pues no pasan días en que nos desayunemos con espectáculos tan ruines y bochornosos como el que acaba de suceder en El Puerto de Santa María.

Hay muchos que, a raíz de estos hechos, han dicho -creo que con razón-: «¿Por qué no parodian y se “cachondean” de ritos de otras religiones como la mahometana?». Seguro que no lo hacen, porque saben -de sobra- que, con estos creyentes islamistas no se puede uno “ir de ligero”. Las consecuencias serían otras. Pero ahora, con los ritos religiosos cristianos, no tienen consecuencias graves para el que los parodia o burla.

Espero, como Dionisio, que de una vez por toda la sociedad, sobre todos sus dirigentes a la escala que sean, demuestren mesura, tolerancia y respeto a todos los ciudadanos, sean quienes sean; y, con ello, cumplan lo que dice nuestro Art. 14 de la Carta Magna: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda haber discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».

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