¡Úbeda es así…!, y 2

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Por Fernando Sánchez Resa. 

Quedaba para después, y como broche de oro de este sábado glorioso, en la simpar “Ciudad del Renacimiento que mira al Sur”, el estreno del concierto del CÁNTICO ESPIRITUAL (Canciones entre el alma y el Esposo) de San Juan de la Cruz, con música y dirección de Manuel García Villacañas, en el incomparable marco religioso y cultural de la Sacra Capilla del Salvador, a las 20,30 h.

El concierto -al ser gratuito y habiendo sido divulgado ampliamente por cartelería y redes sociales- había despertado suma expectación, por lo que ya media hora antes de empezar -en la puerta principal y oeste de El Salvador- andaba la larga cola alargándose cada vez más, mientras todos los que no queríamos perderlo nos guarecíamos con nuestros paraguas de la fina lluvia que iba cayéndonos desde el cielo.

En cuanto abrieron, fue visto y no visto: se llenaron todos los bancos y sillas preparados, tanto los que se encontraban delante de la verja como del resto, de manera que bastante gente tuvo que permanecer de pie, la hora que duraría aproximadamente el concierto, en un éxtasis cuasi carmelitano, pues el lugar, la letra, la música, la instrumentación (piano, violonchelo, guitarra barroca, flauta y campanas) y la ocasión así lo requerían. Hasta las esculturas de Berruguete y el resto de adornos y mobiliario de esta sacra capilla se encontraban arrobados y expectantes ante tal estreno.

Verdaderamente no defraudó ni un ápice, pues las diez canciones en las que dividió Manuel García Villacañas el “Cántico Espiritual” de San Juan de la Cruz fueron maná musical y poético apetitoso para todo el público, ya que él supo musicar y entreverar las magníficas voces de su CORO LLAMA DE AMOR VIVA, consiguiendo unos pasajes musicales sencillos, en apariencia, por la magnificencia y seguridad en su ejecución, que parecía invitar al mismo público a seguir acompañando y cantando, con el conjuntado coro, las maravillosas canciones que antaño se cantaban en los conventos, tocadas de la inventiva musical de Manuel, como nos apuntó al principio él mismo, en su corta pero enjundiosa introducción, «sin querer alargar el acto en demasía, no entrando en profundidades de análisis poético-musicales».

El traspaso y diálogo continuado de las recias y varoniles voces -que expresaban el mensaje sublime del Esposo- iban siendo contrastadas y dialogadas por los angelicales y delicados timbres femeninos de la Esposa, tan bien interpretadas y conjuntadas,  en las que descollaron las dos excelsas solistas femeninas -y otras tantas masculinas-, consiguiendo la delicia y el agasajo de todos los presentes que quisieron pagar con largueza la gratuidad, el contento y la solvencia de este concierto mediante un larguísimo aplauso, puestos en pie, a su finalización; por lo que el CORO LLAMA DE AMOR VIVA no tuvo más remedio que regalar, repitiendo las primeras canciones de su amable repertorio y con gente del público que incluso las seguía y tarareaba, pues con el texto que habían facilitado a todo el mundo, encima de los bancos o sillas, era fácil hacerlo, lo que supuso poner miel sobre hojuelas a las delicadas voces y sutil instrumentación de esta pieza poética tan destacada y sobresaliente. Todos los pasajes estuvieron bien musicados y cantados, aunque a mí -especialmente- me gustaron sobre manera los primeros y los últimos, por su sencillez aparente, su sonoridad redonda y su agudo y divino tratamiento del exquisito texto de San Juan de la Cruz, «tan amado por su autor y del que llevaba siempre una copia que iba rehaciendo a lo largo de su  corta vida», según nos apuntó Manuel en sus primera intervención. Y eso que se cuajó en la cárcel de Toledo, en donde no había papel ni lápiz para anotarlo, pero sí memoria, inteligencia y voluntad para contar sus cuitas y visiones del Esposo y la Esposa, tan bien reflejado en el Cantar de los Cantares bíblico y en este Cántico Espiritual. Como muestra, un botón:

“Entrado se ha la esposa

en el ameno huerto deseado,

y a su sabor reposa,

el cuello reclinado

sobre los dulces brazos del amado…”

Son tantas las figuras poéticas que contiene, así como los recovecos musicales imprimidos por este genio de la creación pictórica, escultórica y musical que es Manuel García Villacañas, al que nunca podremos los ubetenses de nuestra época agradecer a este gigante creador renacentista, ya que lo que verdaderamente le hacía falta era dedicarse sola y exclusivamente a su poder creativo, como artista nato que es, porque la enseñanza y el magisterio  le restan muchas de sus fuerzas inspiradoras y de tiempo. Pero claro, necesitaría un mecenas que bien le pagase, como antaño en Italia o España, para que se pudiese dedicar sola y exclusivamente a lo que le gusta y para lo que ha venido a este mundo. ¡A ver si alguien se hace eco de esta súplica y/o comentario!

Dios guarde a nuestra amigo y artista Manuel, devoto creyente, para que viva muchos años y siga regalándonos esta ricura de creaciones, ya sean musicales, como la que he comentado, o pictóricas como la que presidía el altar mayor de El Salvador: un cuadro de San Juan de la Cruz salido de su mano y estro. No es de extrañar que actualmente se encuentre sumamente delgado para lo que es su constitución natural, ya que este año también ha sido el autor del Cartel de Semana Santa de Úbeda 2020 y ha debido cambiar todas sus programaciones de música y arte -por imperativo legal- ya que imparte docencia en el añejo colegio ubetense de los salesianos, siempre tan renombrado, “Santo Domingo Savio”.

¡Úbeda es así…, amigos!

Úbeda, 25 de enero de 2020.

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