¡Úbeda es así…!, 1

Por Fernando Sánchez Resa.

Vuelvo a mi ciudad amada, este último fin de semana de enero -muy frío y lluvioso, por cierto- con el cálido propósito de saludar y abrazar a familiares y amigos (aunque no a todos, como me gustaría, pues me faltaría tiempo; menos mal que me queda el WhatsApp o el móvil para compensarlo) a los que llevo sin ver desde el puente de la Constitución de diciembre o más y para asistir -con gusto y anhelo-  a un par de eventos culturales y musicales de los muchos que nuestra ciudad patrimonial puede enorgullecerse; pues, ahora que ando permanentemente en Sevilla, puedo comprobar que no tiene nada que envidiarle, ya que, si una persona tiene aficiones de todo tipo, especialmente culturales, deportivas, musicales, diletantes, etc., la “Ciudad de los Cerros” le estará bien servida. No es extraño que se le reconozca públicamente como capital cultural y musical del Santo Reino de Jaén. No hay mes o fin de semana que su atractiva oferta deje de llamar la atención al más inquieto vecino o al intrépido visitante, amante de lo novedoso, para poder disfrutar de sus muchos encantos monumentales, festivos, teatrales, melómanos…

El mérito de mi arribada a Úbeda -esta vez- lo tiene, sin lugar a duda, el inconmensurable Andrea Pezzini, este privilegiado italiano injertado de ubetensismo del bueno, que me picó la moral con su grata invitación al “ACTO SOLEMNE EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DEL HOLOCAUSTO”, el 25 de enero, a las 18,30 h, en la acogedora Sinagoga del Agua de Úbeda. Antes, también lo había hecho a FITUR, el jueves 23 de enero, a las 18 h, en el Pabellón 5 (Andalucía). Sala Andalucía en donde -él mismo, durante treinta minutos- iba a dar un breve repaso a los primeros diez años de apertura de la Sinagoga del Agua y lo que ha significado para nuestra ciudad, la provincia de Jaén,  Andalucía en general y la difusión de la cultura sefardí. Como es lógico no pude ir, aunque bien me hubiera gustado, puesto que mis obligaciones “abuelíes” me tienen enlazado y encariñado a la capital hispalense.

El viaje de venida a Úbeda lo hice ayer viernes, por la tarde-noche, aprovechando que mis nietos y sus padres iban a disfrutar de un fin de semana rural -con buenos amigos- en la prominente sierra de Aracena (Huelva). La intensa lluvia durante todo el trayecto, con un tráfico intenso en el que los camiones de gran tonelaje abundaban, nos permitió llegar sanos y salvos a nuestra casa, en la que reinaba un frío polar al llevar tanto tiempo deshabitada…

Pero todo ello fue compensado el sábado por la mañana con el ansiado desayuno de churros con chocolate y la compra en la plaza de abastos -que, por desgracia, cada vez que vengo anda más desangelada-, de exquisitos productos de la huerta del terreno, de los embutidos ubedíes más señeros (chorizos, morcillas…) y de los golosos productos de la panadería de la hija de Julio en la que los hornazos, ochíos y demás derivados autóctonos y genuinos harán alargar nuestra estancia en Úbeda, a través del paladar, el olfato y las magníficas impresiones y recuerdos que todos ellos nos traerán -una y otra vez-, cuando nos pongamos a la mesa, en Sevilla, o los hagamos extensivos a nuestros hijos, nietos, hermanos o amigos residentes  allí…

Para la comida familiar me ha sido imprescindible, como siempre, recalar en el afamado restaurante “El Seco”, con el fin de tomar fuerzas y entusiasmo, gracias a su casera y esmerada cocina autóctona y a su amistoso servicio, con el fin de poder enfilar la provechosa tarde de sábado que me esperaba…

La puntualidad es una virtud que me gusta practicar y ver materializada en cada acto al que asisto. He podido comprobar que la Sinagoga del Agua la tiene en su haber. Por eso, empezamos –puntualmente- a las 18,30 h, una vez que nos fuimos arremolinando en su hall tanto el público como todo  el personal interviniente en el emotivo y sencillo acto. No iba a ser la primera vez que asistía y espero que tampoco sea la última. Actos reivindicativos y sensatos como éste tiene -nuestra loca y olvidadiza sociedad- mucha necesidad de hacerlos y repetirlos periódicamente para público conocimiento y recuerdo, especialmente de las jóvenes generaciones para que no queden “in albis” de la verdadera historia reciente de nuestra humanidad y no vuelvan a repetirse aquellos nefastos acontecimientos.

En una hora, aproximadamente, Andrea Pezzini supo pilotar un auténtico y sencillo acto reivindicativo -conmemorando los 75 años de la liberación de Auschwitz, campo de exterminio de la Alemania nazi, entre 1940 y 1945- en silencio y sin aplausos, que hicieron brotar encontrados sentimientos y lágrimas en el alma, por esa barbarie ocurrida en nuestro territorio europeo y a la que fueron dejando hacer y engordar todas las fuerzas políticas y sociales de aquella época, mirando para el otro lado, hasta que no hubo más remedio que intervenir con los soldados aliados, cuando seguro que ya era demasiado tarde.

Con la seriedad y cordura que requería el acto, se llenó el local sigilosamente y mediante doce detalladas intervenciones -programadas y ofrecidas en una hoja que había en cada una de las sillas-, fuimos adentrándonos en intervenciones verbales, poéticas, biográficas y musicales de alto calibre, rememorando aquella barbarie nazi en la que seis millones de judíos, tres millones de mujeres judías, millón y medio de bebés y niños judíos, bastantes españoles republicanos y de diferentes colectivos étnicos (gitanos), religiosos, disminuidos físicos y psíquicos, etc., fueron asesinados en los campos de exterminio europeos; para acabar el acto -finalmente- encendiendo las seis velas, siendo la última en memoria de “los justos entre las naciones”.

Acabó el evento el rabino Mijael Sofer, de la Comunidad Shema Sefarad de Madrid, nieto de judío republicano, muerto en Auschwitz. Con su claro y duro mensaje nos alertó de que debemos estar atentos para que esto no vuelva a repetirse, poniendo los medios correspondientes y necesarios; y más ahora que están desapareciendo casi todos los supervivientes que padecieron aquel infierno humano en propia carne. Echó en falta que hubiese gente joven en el acto y pidió que en nuestras escuelas y sociedad se enseñase la verdadera historia de lo que ocurrió con el holocausto judío a manos de unos desalmados nazis que quisieron, además de masacrar los cuerpos de sus víctimas, quitar su memoria individual y colectiva con aquellas acciones deleznables y demoníacas. El rabino también tuvo el detalle de no encender su vela correspondiente, al finalizar el acto, siendo seis las que estaban preparadas para ello, tras el recitado del Kadish, en judío y castellano, ya que dos vecinas de la antigua peluquería que estaba en el lugar en el que nos encontrábamos, antes del descubrimiento de la Sinagoga del Agua, debiendo encender una sola vela entre ambas, lo hicieron por partida doble, por lo que él, en buena lid, declinó la que le había correspondido, en «Memoria de los españoles republicanos asesinados en los campos de exterminio nazi».

A su término, con una paz interior y exterior plausible y generalizada, y -un año más- con los deberes bien hechos, cada cual fue marchando a sus lugares de ocio o asueto, no sin antes departir y/o agradecer a Fernando Crespo, propietario de la Sinagoga del Agua, a Andrea Pezzini, alma máter del acto y al resto de intervinientes: Sta. Thamara Valdez Romero, Sara Lea, Luis Francisco Sánchez Cáceres, José Márquez, Juan Guerrero, Natalia Pérez, Manuel Ruiz Amezcua y al mencionado rabino, Mijael Sofer, sus públicas, sinceras y elaboradas manifestaciones.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Información adicional