Primer septenio de la Sinagoga del Agua, 2

Por Fernando Sánchez Resa.

Y, entonces, comenzó el esperado concierto en un agradable ambiente de expectación y sosiego. Fueron doce canciones y dos bises de regalo que, por su encanto y dulzura, me gustaría comentar, a fuer de ser sincero, aunque salga un tanto larga la crónica.

1ª. “Debajo del limón, la novia…”. Canción de boda, a dos voces y melodiosamente acompañada con las cálidas notas de guitarra, que estimula todos los sentidos. Es de ascendencia sefardí, una de las varias que nos regalaron en la primera parte del concierto, pues, en la segunda, serían del romancero de tradición oral.

2ª. “Ay, hija, mi querida…”. En la que una madre da consejos a su hija, en el tema del desamor, pues ésta tiene prisa y tendrá serios problemas en un futuro, si no le hace caso…

3ª. Cuenta la historia de un rey que proporciona a su hija una vida regalada, como la que hoy se ofrece a muchas hijas de clase media y alta en cualquier hogar de nuestra civilización occidental, pero que le faltaba su marido y ansiaba su vuelta; por lo que ella se echa a la mar, abundando en lindas metáforas poéticas: “sus brazos serán los remos”, “sus cabellos las velas…”; hasta que se encuentren. Esta canción tiene resonancias de amor sincero, que nos pusieron los pelos de punta.

4ª. La rosa enflorecida. Trata sobre el amor no correspondido (tan repetido en todas las culturas y edades; pero tan emotivo y sentimental) y con notas de humor. La cantan con un rabel que tiene connotaciones pastoriles y campestres. Es muy sensible y emotiva, ya que se van intercambiando el rabel con el recitado de Marisi…

5ª. Ya, en un ambiente más serio, Juan nos cuenta La leyenda del malvado Nemrod contra el justo Abraham, dedicando la canción a Fernando Crespo. Había un rey que tenía mucho tiempo libre y miraba el firmamento y predecía el futuro, por lo que predijo el nacimiento de Abraham y que le iba a molestar muchísimo…; por eso, quiso que todos los varones fuesen eliminados, pero su madre logró disimular su embarazo y pudo nacer Abraham (lo que nos trajo rememoraciones de lo que serían los Santos Inocentes y Jesucristo).

6ª. “La infantina encantada”. Con ésta empiezan las canciones del romancero mediante una pieza simplísima, con seres extraños (hadas) y un caballero disfrazado que ve un árbol, que no es sino una dama encantada, estableciéndose una interesante conversación entre ambos. Ella le dice que lleva siete años encantada por las hadas y que hoy es el último día de su desencantamiento, por lo que quería que la liberase; pero el príncipe argumenta que tiene que consultarlo con su madre y se marcha a hacerlo. Al volver, al día siguiente, encuentra que ya no hay nada ni nadie en ese monte. ¡Qué encanto es el romancero que suena con tonadas y castellano antiguo…! Tonada triste, melancólica y con un poso de nostalgia y enseñanza: no se ha conseguido la felicidad por exceso de celo y dependencia materna.

7ª. “El duque de Arjona” maltrataba a las mujeres y el rey lo llama al orden; mientras que él lo niega todo, el rey tiene pruebas y cartas que lo incriminan; por eso, lo castiga y manda a prisión. Juan nos aclara que es un romance de un libro que encontró y que le puso música. Muy conseguida, por cierto.

8ª. “El rey moro que perdió Alhama”. Es un romance anónimo (de 1500), en el que el mismo se lamenta desconsoladamente y degolla al mensajero que viene a comunicárselo. Oír el quejido continuado del rey moro eriza el vello, sufriendo más que si hubiese perdido una dama, lamentándose desde los lugares más estratégicos de la ciudad de Granada.

Con estos romances, vuelvo a recordar nuestra historia de “Al Ándalus” y las canciones que me cantaba, en mi infancia, mi abuela materna -Pepa-, como si fuesen canciones de cuna.

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