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Estampas del ayer ubetense

 Por Fernando Sánchez Resa.

Rememorando lo escrito y contando por mi padre, Fernando Sánchez Cortés (q.e.p.d.), hoy quiero traer a colación dos cafés (Daniel y Victoria) y un empleo (limpiabotas o betunero) que hace bastante tiempo desaparecieron de Úbeda y que tuvieron larga vida en el ajetreado siglo pasado.

Recuerdo con nostalgia (a los betuneros) cómo deambulaban por el centro de la ciudad; con su caja negra, en una mano; y dos almohadillas, en la otra, que les servían de apoyo a sus rodillas cuando hacían su servicio. Sus sitios preferidos eran dos: los Portalillos de la Plaza Vieja o del Reloj, hoy llamada Plaza de Andalucía, en la puerta del bar Victoria; y el famoso café Daniel, cuando era el local más famoso y grande de la provincia, que daba a dos calles; por eso tenía dos puertas. Si entrabas por la de la calle Mesones, te encontrabas con un amplio bar que disponía de una barra muy grande y muchas mesas de mármol blanco con artísticos pies de hierro. El público era atendido por camareros pulcramente vestidos con su negro borrachuelo o pajarita al cuello. Los limpiabotas ofrecían sus servicios, a veces, dentro del local. Se les veía de rodillas, mientras que el cliente ponía su pie encima de la caja donde tenía cepillos, bayetas y cremas; y en donde sobresalía una plantilla que servía de base para poner el pie; y, también, de agarradera. ¡Con qué habilidad cambiaban el cepillo de mano y con cuánta gracia pasaban la bayeta al calzado para dejarlo impoluto!

La otra puerta del café estaba situada en la calle Gradas o Camino de la Plaza. En su entrada había un pequeño y artístico bar de estilo muy particular; por él se pasaba a un gran salón principal que era amplio y acogedor. En sus espejos te veías reflejado en variadas situaciones. En sus cómodos y holgados sillones se disfrutaban unas veladas encantadoras. Una amplia escalera daba al piso superior, en cuyos salones se celebraban bodas y banquetes. En el fondo del inmenso salón había un pequeño y bonito escenario, donde casi todas las semanas se producían diversas actuaciones que deleitaban al numeroso público asistente. ¡Cuántas tardes de domingo se divertía la gente tomando unos cafés y disfrutando de un bonito espectáculo de varietés y cantantes famosos de aquellos tiempos!

Mientras los betuneros hacían su trabajo, iban dialogando graciosamente con el cliente, contándole múltiples chistes y anécdotas. Sabían de toros más que Belmonte, pues no se perdían ningún espectáculo taurino. En las corridas de toros, ellos eran los encargados de sacar a hombros a los toreros triunfadores. También, expedían al público los boletos de la lotería callejera, con su consiguiente tanto por ciento de ganancia. Ese café de la calle Mesones pasó a ser una lujosa zapatería que luego derivaría en otros negocios. La puerta de la calle Gradas se cerró hace años, tras ser local de ocio con futbolines, mesas de billar y tenis de mesa, y no se ha vuelto a abrir.

El otro café, el de Fernando Victoria, también estaba situado en plena Plaza de Toledo o del Reloj, hoy llamada Plaza de Andalucía, en los portalillos, donde hoy está una entidad bancaria. Así mismo, tenía dos puertas: la central, en la plaza; y otra, en la calle Don Juan. En los mismos portalillos tenía una terraza cubierta en la que los limpiabotas ejercían su labor, puesto que era otro lugar muy céntrico, con mucho tránsito de público.

Estos dos negocios desaparecieron de nuestra ciudad, así como el oficio de betunero o limpiabotas. Los tres llevan bastante tiempo durmiendo el sueño de los justos, aunque perviviendo en las mentes de los mayores que todavía los recuerdan…

Úbeda, 14 de marzo de 2017.

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