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Alguien que SÍ sabe del coronavirus (y no es un tertuliano)

Por José L. Rodríguez Sánchez. 

 

 

 

 

«Queridos conciudadanos de la cacerolada de las 9:00 p.m.:

Pretendo  escribir  unas  líneas  a  vosotros,  los  que  hasta  hace  un  mes  erais  expertos  entrenadores de fútbol, a la par que avezados especialistas en mecánica de coches, y en las últimas semanas sois expertos en pandemias. A vosotros, quienes no tenéis ni idea de qué es R0 pero lo manejáis con soltura mientras la familia cena. A vosotros, que no  sabéis  distinguir  entre  letalidad  y  mortalidad,  pero  no  os  importa,  porque  lo  verdaderamente serio es mostrar la indignación de la ciudadanía.

 

 ¿Por qué el gobierno ha actuado tarde?

Por la economía. Si se cierra un país a todo tipo de actividad económica porque hay cuatro  personas  que  tosen  mucho,  y  nada  más,  la  caverna  mediática  hubiera  condenado a los responsables con el estigma de “quieren destruir el país”. Se esperó hasta que se comprobó que, realmente, la cosa iba en serio y que había que tomar medidas. Hubo en momento en que los datos pintaron realmente feos, y ahí (tarde) se comenzó a actuar. Se actuó tarde por dos razones:

La primera porque es un nuevo virus.  Aunque  sois  expertos  en  pandemias,  no  tenéis  ni  idea  de  qué  son  los  segmentos S, M, y L de un virus y cómo se recombinan. No os lo voy a explicar aquí, pero debéis de saber que aparecen virus nuevos de los que no tenemos ni idea de cómo funcionan. Es como si estáis en el bosque y no sabes si estáis viendo enfrente de vosotros un mirlo o un oso feroz. No sabéis cómo se comporta. Mejor esperar a ver qué hace. Y eso hicimos.

La segunda es porque los chinos mintieron. Desde el principio. Esto sí que os lo voy a explicar porque es adecuado para los especialistas en pandemias. Desde aquella epidemia  de  SARS  en  China,  existe  un  sistema  de  vigilancia  temprana  y  de  alerta  rápida en el país. Cada vez que se detecta un caso de neumonía “extraña” se debe comunicar  a  Pekín  (perdón,  Beijing).  Pero  eso  acarrea  ceses  fulminantes  y  esas  cosas de los chinos, y los responsables de sanidad de Wuhan decidieron que estaban mejor callados. Hasta que hubo un día que se les fue la cosa de las manos.

Os diré que el primer caso declarado es de finales de noviembre de 2019, por lo que el  virus,  con  lo  que  sabemos  hoy,  podía  estar  circulando  ya  entre  agosto  y  septiembre. La comunidad científica admite hoy que todas las cifras de infectados y fallecidos  son  falsas.  Se  ha  calculado  comprobando  el  tiempo  que  han  funcionado  las incineradoras de Wuhan en los últimos meses. Es decir, estábamos ciegos ante lo que nos venía.

¿Por qué hicimos mal el cierre de fronteras?

Porque  es  un  virus  diferente  y  no  sabíamos  que  estaba  ya  “dentro”.  Como  sois  especialistas  en  pandemias  (reconvertidos  de  entrenadores  de  fútbol)  podéis  consultar nextstrain.org/ncov y comprobar que la introducción del virus se produjo en Europa en algún momento de Navidad, procedente de Shanghai, con dudas acerca de  si  fue  en  Reino Unido  o  en  Islandia.  Sí,  Islandia,  la  gente  también  viaja  allá.  Navidad. Vosotros estabas discutiendo con el cuñado mientras ese virus entraba y luego  os  daría  mucho  juego  de  conversación  con  la  familia.  Pensadlo  otra  vez: Navidad.  Aquí  empezamos  a  preocuparnos  en  marzo,  cuando  el  virus  se  había  amplificado y nos dimos cuenta.

¿Por qué no hemos hecho pruebas rápidas?

Antes que nada, todos estáis manejando las siglas PCR como si fueran algo normal en vuestras vidas. Debéis de saber que en condiciones óptimas una PCR suele llevar unas 4 horas de tiempo y costar unos 40-50€. El hecho de que se estén realizando más  de 20.000  diarias  en  España  os  dará  una  idea  del  esfuerzo. Si además os cuento que un termociclador (permitidme que introduzca una palabra  nueva  a  los  expertos  en  pandemias,  pero  es  el  cacharro  que  se  usa  para  hacer una PCR, no sirve la sartén de vuestra casa) cuesta unos 10.000€, os daréis cuenta del esfuerzo.

Todos  estáis  hablando  de  las  “pruebas  rápidas”  (me  niego  a  llamarlas  “tests”,  yo  escribo en castellano) pero aún pensáis que se trata de una especie de magia que apunta a un individuo y aparece una luz roja. Pues no. Hay dos tipos. Una intenta detectar los antígenos del virus. En otras palabras, el método intenta encontrar si hay proteínas  del  virus  en  una  persona.  Pero  el  Centro  Nacional  de  Microbiología comprobó que la sensibilidad era de un 30%. Es como si en un control de alcoholemia de la Guardia Civil se escapa el 70% de los borrachos. ¿Verdad que no sirve para nada? Por eso se devolvieron. Pero, claro, el Ministro es un torpe. Después se ha venido trabajando con pruebas que permiten conocer si una persona ha desarrollado inmunidad al  virus.  ¿Para  qué?  Ahora  sabemos  que  antes  de  que  una  persona  desarrolle inmunidad, puede llevar 5-7 días transmitiendo el virus. Estas pruebas nos dirán quienes han estado en contacto con el virus. Estas pruebas rápidas nos darán datos acerca de la infección intra-domiciliaria. Poco más.

¿Por qué es distinto este virus, por qué no hay respiradores?

Sabemos hoy que el virus se multiplica en la garganta a niveles simplemente brutales. En  aproximadamente  un  30%  de  las  personas  (pero  también  hay  diferencias genéticas) el virus puede pasar al pulmón. No sabemos por qué, pero las células que se  encargan  de  nuestras  defensas,  al  ver  la  inmensa  carga  vírica,  sueltan  toda  la  artillería. Un gin-tonic está bien, pero ocho son demasiados. Aquí pasa lo mismo. Los enfermos graves lo están porque su sistema inmune se ha pasado de la raya.

Oh, los respiradores. Vale, os lo explico. Seat, Ford, Volkswagen fabrican coches al ritmo  que  saben  que  se  van  a  vender.  Lo  mismo  con  los  respiradores  y  las  mascarillas.  La  fábrica  produce  sus  artilugios  al  ritmo  que  se  van  a  vender,  y  no  invierten más dinero en cosas que no tienen salida. Yo no puedo ir a Seat y decirles “mañana quiero 30.000 coches”. No se pueden hacer. Pues es lo mismo. Pero, claro, el ministro de Sanidad es un torpe porque así lo han decidido los ex-entrenadores de fútbol.

¿Y qué hay de los modelos?

Mi  frase  favorita  es  la  de  un  premio  Nobel  de  Economía,  quien  dijo  “si  torturas  suficientemente a los datos, puede que terminen confesando”. Quienes hayan leído los informes del Imperial College (lo que proporciona un grado supremo de Experto en  Pandemias)  habrán  constatado  que  en  España  “debería  haber”  entre  2  y  20 millones  de  infectados.  Vamos  a  volver  a  leerlo.  Es  como  si  vas  a  la  frutería  y  preguntas por el precio de los tomates. Y te contestan que están entre 2€ y 20€  el kilo.  Eso  ha  hecho  el  Imperial  College.  Quien  crea  ciegamente  en  eso  acaba  de  obtener el diploma de pajero mental supremo. Repito, no tenemos ni idea acerca de cómo funciona este bicho, y nuestras estimaciones son solo eso, estimaciones algo laxas.

¿Qué va a pasar?

No lo sé. Soy científico, no tertuliano. Si lo supiera ya sería entrenador de fútbol. Pero pienso que la humanidad va  a  tener  una  pandemia  que  se  extenderá  por  todo  el  planeta,  que  todos  nos  acabaremos infectando y que quizás (o no) tengamos inmunidad o se convierta en una vacuna que haya que incluir todos los años en el calendario vacunal. Aquí tengo dos cuestiones. La primera, que nadie piense que una vacuna se hace en un mes. Cuando empiecen a morir voluntarios en las pruebas vacunales, también criticaréis la vacuna y lo demostraréis con otra cacerolada. La segunda, pensad en África y en América. Allí no hay una sanidad como en Europa. Vamos a tener olas de infección secundaria y terciaria por un largo tiempo. Es lo que tienen las pandemias. Pero eso ya lo sabíais, expertos en pandemias.

Espero que, con estas explicaciones simples, aptas para ex-entrenadores de fútbol, os lo penséis dos veces antes de la siguiente cacerolada. Un comentario final: el “Capitán a posteriori” es un personaje que ya existe en South Park. La mayoría de vosotros sois capitanes  “a  posteriori”,  y  no  ayudáis.  Quizás  vuestros hijos queden impresionados, nada más.”

Agustín Estrada-Peña

(Y para que veáis que no es tertuliano de la tele, ni un periodista digital, ni un genio de Twitter, os incluyo su Perfil  profesional de la Universidad de Zaragoza: es Catedrático de Patología Animal. Y trabaja en una investigación sobre Zoonosis y enfermedades emergentes de interés en Salud Pública. Y mirad su CV docente.) De nada.

 

 

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