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Permiso de “abuelidad”

Por Fernando Sánchez Resa.

Ahora que tanto se reivindican los derechos individuales y de diversos colectivos, y que se nos llena la boca de ser “los Robin Hood más guay del Paraguay del mundo mundial”, creo que es el momento oportuno de pedir reconocimiento y remuneración económica para todos aquellos abuelos explotados que no reciben paga del Estado -ni de nadie- por su duro trabajo, incluso sin tener las vacaciones remuneradas anualmente que se merecen.

Pienso que es el momento oportuno de hacerlo, ahora que ya nos anuncian un gobierno progresista de nuevo cuño, puesto que ya la madre que trabaja por cuenta ajena tiene su permiso de maternidad y lactancia; así mismo, lo está consiguiendo el padre de la criatura venida al mundo; incluso se van a igualar -con el tiempo- ambos permisos. Lo que no sé es cómo quedaremos los abuelos.

Por eso, yo me pregunto: ¿cuándo vamos a conseguir que este sufrido colectivo de abuelos currantes y sufridores de nuestros queridos nietos españoles, además de recibir el refuerzo positivo y verbal del amor que ellos nos profesan, se nos legisle que hemos de tener un período de abuelidad remunerado -cada vez que nazca alguno de nuestros nietos- a los que les vamos a dedicar nuestra ya avanzada vida?

Mediante esta novedosa medida se hará verdadera justicia a este colectivo de esforzados trabajadores del hogar, la bolsa de la compra y/o de asuntos varios, que andan sin ninguna remuneración económica o escaso reconocimiento social por su crucial servicio, creyendo -equivocadamente, a veces- que simplemente se sienten bien pagados con el poco, regular o mucho cariño que se les dé en la familia, en la que desarrollan su labor.

Es un guante que lanzo a los sindicatos y organizaciones empresariales de nuestro querido país y, por supuesto, a los políticos de cualquier color o ideología, siempre tan agudos defensores del bien común, según nos recalcan en todas las campañas electorales… Tienen la oportunidad de oro de congraciarse y hacer justicia con este amplio y experimentado colectivo de abuelos educadores que esperan -como agua de mayo- a un político redentor que les reconozca sus derechos inalienables y unas vacaciones remuneradas antes de que sea demasiado tarde. No sea que se vayan al otro mundo sin haber recibido todo lo mucho y bueno que se merecen.

Por eso, me pregunto: ¿Para cuándo el “permiso de abuelidad” en España? A ver si somos pioneros mundiales también en este asunto -como ocurre en las donaciones de órganos-, pues es sumamente práctico, útil y necesario. Los beneficiarios (abuelos, padres y nietos) y la sociedad, en general, se lo agradecerán, puesto que se producirá una paz social y una armonía familiar más sustanciosas y duraderas.

Sevilla, 10 de enero de 2020.

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