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“Los pinares de la sierra”, 142

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

4.- Los “lilas” florecen en cualquier época del año.

A punto de romperse por dentro, y cada vez más desesperado, Paco bajó la cabeza y se puso a renegar de Gálvez, de Fandiño y de la maldita hora que empezó a trabajar en Edén Park. Volvió Roderas con su aplomo de vicario episcopal, y le dijo a Mercader que pidiera otras copas, que invitara a las chicas de la barra y que les dijera que por una razón de gravedad extrema, aplazaban el plan hasta una próxima ocasión.

―Mira Portela, en este mundo, en el que nos movemos, es intolerable llamar a un sacerdote, papá ―en vez de padre―, aunque seamos su viva estampa; no se permite desairar a una señora dispuesta a complacernos; y no tiene perdón de Dios carecer del arte suficiente para embaucar a un primo, al que le salen los billetes por las orejas. Los “lilas” florecen en cualquier época del año, soportan bien las inclemencias del tiempo, y se revisten de múltiples colores. Los ejemplares más cotizados son los tontos que no son conscientes de sus carencias y van por la vida opinando sobre lo humano y lo divino, y pensando que vuelan por encima de la humanidad como las águilas reales. Ese es el ejemplar que más nos interesa, el que por ambición está dispuesto a engañarnos y es capaz de llegar hasta el final. ¿Lo entiendes?

Luego tranquilizó a Paco y, paso a paso, fue analizando con él hasta los mínimos detalles necesarios para encontrar una víctima y endosarle las parcelas: el pavo, el cebo, los tapados, el marco, el reparto; y lo más importante, la vía de escape. Eran casi las seis de la mañana, el aire de El Estudiantil se había hecho irrespirable y los clientes más trasnochadores hacía rato que habían abandonado la sala. Roderas seguía hablando sin dejar un hilo suelto, aclarándole a Paco alguna duda, y fumando y bebiendo sin parar, como si sacara las energías del whisky y del tabaco. Mercader asentía con la cabeza, sonreía cada vez que el maestro aportaba una nueva argucia para perfeccionar el asunto y, mucho más tranquilo, Paco empezaba a vislumbrar la solución.

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