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“Los pinares de la sierra”, 22

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

2.- Primeros pecados de codicia.

Y así, sin más, se puso a contarme su última hazaña.

―Bueno, antes de seguir, quiero que sepas que el premio, para el mejor vendedor del próximo trimestre, será de ciento sesenta mil pesetas. Ya puedes pensar la algarabía que se armó cuando nos lo dijeron. ¡Vamos a saco desde el primer minuto! Subimos al autocar sin contemplaciones, con el cuchillo entre los dientes.

Si consigo ganarlo, me compraré un coche como el de Arumí. ¿Qué te parece? Por cierto, ¿sabes que le caíste muy bien al señor Bueno? Oye, Javi, que si el señor Bueno dice que tú vales, es que eres un fenómeno de la venta. Tienes que volver por la oficina. Empiezo a pensar que eso de vender no es tan difícil. Mira, el domingo pasado tuve que acompañar a un matrimonio joven, que en principio no parecía tener muchas posibilidades, porque hacía menos de un año que se habían casado; no tienen hijos y viven de alquiler. ¿Vale? Pero no me desanimé. Empecé a hablarles de lo que sería Edén Park en el futuro: zonas ajardinadas, piscinas, tenis, campos de golf…, etc. Hablamos luego de la revalorización del suelo y de los ridículos intereses que ofrecen los Bancos y las Cajas por nuestros ahorros. ¿De acuerdo? Al final, insistí en que el mejor negocio que podían hacer, en su situación, era comprar una parcelita, pagarla en dos o tres años a su entera comodidad, y venderla más adelante, para comprarse un piso con los beneficios. ¿Cómo lo ves?

―Y, ¿aceptaron?

―Hombre, al principio tenían sus dudas; esa es la verdad. Pero cuando les dije que, aunque soy bastante más joven que ellos, había comprado dos como inversión, se acabaron de convencer.

―Paco, ¿tú te has comprado dos parcelas?

―Por supuesto que no, pero ellos no lo saben.

―Y, ¿a ti te parece que está bien engañar a la gente?

―Oye, Javi, ¿tú nunca le has dicho a una tía que está muy buena, aunque sea un callo revenido? ¿Verdad que sí? Y no por eso vas a hacer una peregrinación a Roma para que el Papa te dé la absolución. ¿Vale? Pues esto es igual. Si hay que echar una mentira, se echa y en paz. Lo importante es que ya tengo una venta más, y que es muy probable que, si no en dos años será en cuatro, habrán reunido una buena suma de dinero, que de otra forma nunca conseguirían. Son jóvenes, los dos tienen trabajo y, como las mensualidades no son cosa del otro mundo, lograrán salir adelante. De eso sí que estoy seguro. Pero bueno, eso son cosas mías. ¿Quieres que te cuente cómo acabamos la noche del reparto de premios, Arumí y yo, con Genny y con su amiga?

―¿Te refieres a la noche que me dejaste tirado en el Seven Crown?

―Efectivamente.

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