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Y ahora que estamos todos reunidos: «Viva la Madre Superiora»

Por Salvador González González.

Un argumento más para comprobar que los catalanes son españoles, mal que a algunos les pese o hagan campaña virulenta contra todo lo que huela a España o lo español. Nos la acaba de dar la muy venerada “Sor Madre Superiora de la congregación del clan Pujol”, que, escudada en un lenguaje religioso para ocultar lo que, según la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal), no era más “que un plan preconcebido y ordenado, dirigido a la ocultación de grandes cantidades de sumas de dineros de origen desconocido”.

La madre superiora de la Congregación Marta Ferrusola (el documento en cuestión es texto caligráfico de puño y letra de ella), ordenando, al rvdo. Monsen, traspasar dos misales (dos milloncejos) al capellán (Jordi Pujol Ferrusola).

Si damos un repaso a la novela picaresca española: Historia de la vida del Buscón, El lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo, El diablo cojuelo, Libro de entretenimiento de la pícara Justina, La lozana andaluza y tantos otros, se destaca en ellos cómo las artimañas, el fraude, el hurto y el latrocinio imperan en su protagonista sin importar zona, edad, sexo o condición para timar al que tercie. Esto es el denominador común, y la familia no hace más que seguir esa senda de picaros, sólo que aquí es a gran escala y valiéndose de su posición dominante como ha ocurrido, por cierto, en otras latitudes territoriales de nuestro país: Andalucía, Murcia, Valencia, Madrid…, es decir, ladrones de guantes blancos como en cualquier otro lugar, que han ido a llenar la bolsa a costa del ciudadano de a pie, al que tenían que servir y del que se han servido para amansar semejante fortuna, que según informe de la citada unidad, en el caso de la congregación, de la que es superiora la indicada Marta Ferrusola, supera los 70.000.000 de euros; eso sí, patriota nacionalista catalana hasta la médula, pero trincona hasta las trancas, con el mismo modus operandi que en cualquier otro sitio de España. Esto me hace reflexionar tres cosas:

1ª. ¿Nadie sabía nada? Cuando ya de hecho, en el propio parlament, se habló del supuesto 3% de mordida. ¿Por qué se ocultó y hasta ahora da la sensación de que se le echó tierra a todo lo relacionado con el muy entonces honorable president?

2ª. Da la impresión, igualmente, de que cuando la justicia ha actuado contra otros, en otros territorios de nuestro país, desde el yerno del rey hasta la propia infanta, ha sido cuando parece que se ha abierto la veda hacia este clan, que, a modo de Al Capone, van a ser sus referencias contables las que hagan que la justicia caiga sobre ellos. ¿La amenaza velada del que fuera president en la Generalitat, al ser citado junto con la Madre Superiora en una Comisión Parlamentaria, daba la visión de que nadie quería coger la “patata caliente” que comporta este caso?

Y 3ª. Cada vez parece más evidente que, al menos desde el punto de vista de los imputados en estos latrocinios y de las siglas que hasta no hace nada representaban, esa huida hacia adelante al independentismo guarda una relación directa y proporcional, con la intencionalidad de ampararse en la estelada y la independencia para intentar con ello eludir la acción de la justicia.

El lema de las congregaciones, creo recordar de los conventos, monjas y religiosos de clausura era y es orat et laborat. En este caso, orar parece que sí han orado, declarándose siempre fervientes catalanes católicos de misa y comunión; pero me temo que el laborat ha consistido en apalear euros para su peculio familiar. Claro que los que nos educamos en los años de plomo del nacionalcatolicismo y de la moral de entonces, donde parecía que lo único pecaminoso, y por ello confesable para obtener la absolución, eran los pecados contra el 6º y el 9º mandamiento. Los otros, como el robar, el mentir, el aprovecharse del trabajador y de los contribuyentes no merecían la calificación de pecados mortales. Todo lo más eran “pecadillos” fácilmente compresibles y, en algún caso, justificado por aquello de que los negocios son los negocios y la inteligencia y habilidad para los negocios y hacer fortuna era una señal inequívoca de un don que Dios ha asignado a algunos, para ello, como en el caso que nos ocupa. Es más; parte de la iglesia catalana parece que mira para otro lado, cuando los implicados son nacionalistas (alguna monja lo justifica todo en función de la creación del supuesto Estado Catalán). Cierta jerarquía catalana no dedica ni un minuto en denunciar estos enriquecimientos ilícitos de esos dirigentes soberanistas, y sí a que el supuesto Estado Catalán sería inmediatamente reconocido por el Vaticano, olvidándoseles a estos prelados con ello, el mensaje universalista que la iglesia Católica de Roma tiene como divisa fundamental y que es el que debe irradiar desde su seno. Por eso, yo quiero y tengo la intención de terminar estas reflexiones con una frase de san Juan Crisóstomo, santo y padre de la Iglesia, que además ha sido uno de los mejores oradores que nos ha dejado para la posteridad, apelado por ello como “el boca de oro” y con ella acabo, aplicable a esta familia y a los que siguen su modelo como ejemplo a seguir: “EL QUE ES MUY RICO, O ES LADRÓN O ES HIJO DE LADRÓN” (san Juan Crisóstomo).

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