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La moción de censura del coleta morada: ¿a quién va destinada?

Por Salvador González González.

Aprovechando los chuscos de punta que están cayendo sobre la cúpula del PP, raro es el día en que no haya una nueva granizada con relación a cargos y dirigentes de esta formación, con la corrupción como negra tormenta que está amenazante con ahogarlos. Extrañamente, parece ‑da la sensación‑ que es imposible que se supere el caudal de chuscos y granizos que cayeron ayer por la mañana, cuando nos levantamos hoy, con otra tormenta mayor que la pasada.

Ciertamente la “ocasión la pinta calva” para que la oposición, haga de ello leña; por ello, más que justificado. Pero de ahí a plantear una moción de censura, que recuerdo en nuestro ordenamiento constitucional, tiene un carácter constructivo; ello quiere decir que se debe utilizar, cuando hay un alternativa que garantice que dicha moción va a tener un recambio, es decir, un candidato nuevo, a esa obligada dimisión, si obtiene el apoyo para que salga adelante y, por tanto, sea efectiva, si no es así, es puro “fuego de artificio” y, en cierta forma, una especie de “fraude de ley”, porque se ha empleado para algo distinto, y a eso dedico estas letras. ¿Qué esconde esa posible moción de censura, si no garantiza el objetivo para lo que se pone?

¿Hay una alternativa para sustituir al actual presidente de gobierno? ¿Quién? ¿El propio coleta morada? ¿O un candidato alternativo de otra formación?

Da la sensación de que esta moción tiene otra pretensión, a la vista de lo difícil de buscar un sustituto. La primera y fundamental, creo, es inmiscuirse en las primarias del PSOE, para crear una dinámica “perversa” a su propio debate interno, metiéndole en un terreno pantanoso, donde los candidatos se encuentren con este problema, como fuego cruzado inesperado, al que tienen que hacer frente, porque la posición y respuesta, ante este envite, tiene su “miga”. Si se declaran a favor de apoyarla, pueden estar indicando que se aliaran con los diversos posicionamientos radicales y rupturistas que algunos de los que la apoyen pueden representar; y, si no lo hacen, parece que están de nuevo apoyando, con la abstención, el actual gobierno del PP, como cuando se produjo el choque de los que apoyaban el “no es no”, contra los que eran partidarios de dejar gobernar, mediante la abstención, al candidato que había ganado las elecciones.

Como ven, de nuevo el PSOE se encontraría en la casilla de salida que ha motivado las primarias y el congreso extraordinario, con las secuelas de división, enfrentamientos y pérdida de base social que le dan las encuestas.

Eso se llama simple y llanamente hurgar en las heridas, para producirles más sangre, más daño y evitar que estas curen, sanen y se recuperen.

¿Es ese el objetivo? Obviamente, nadie está en la mente del coleta morada, más que el mismo, pero se intuye que, por ahí, van los tiros. Quiere a toda costa darle el zarpazo al PSOE, sobrepasarlo y quedar como referente mayoritario de la izquierda en nuestro país.

Es puro maquiavelismo; pero ya ha dado prueba reiteradamente en muchas de sus arengas y actuaciones; incluso, desde dentro de su formación, ha arrasado a las tesis de transversalidad propugnadas por algunos de sus compañeros, para quedarse como hegémonico. Así que no es de extrañar que este sea su gran objetivo con la moción de censura, objetivo que lleva tiempo intentándolo y al que, por lo que se ve, no ha renunciado.

Hay un refrán muy “divino” para esta manera de actuar; es aquel que dice «Este pretende quedarse con el santo y la limosna»; y creo que es lo que pretende con la moción de censura: montar un guirigay donde queda como el más contundente contra la corrupción del PP, divide de nuevo al PSOE, y se queda con todo el protagonismo para él sólo.

Sé que muchos pensarán, a lo mejor, que lo que digo es pura entelequia o invención de un análisis sin base en hechos reales y que la moción es un buen vehículo para poner en evidencia los desastres de la corrupción que han minado y gangrenado sobremanera al PP, que le hacen no estar capacitados para continuar gobernando sin que pongan en cuestión al propio sistema. No les puede faltar razón a los que así piensan. Pero creo que hay otros mecanismos parlamentarios, que pueden ser más adecuados para cortar todo aquello putrefacto de raíz: comisiones de investigaciones, citando a los que se considere implicados en los últimos escándalos y los que sobrevengan nuevamente o al hilo de los aparecidos. Fortalecer al Sistema Judicial en su conjunto para que estos puedan hacer su labor sin coacciones ni presiones. Exigir que la Fiscalía no esté tan ligada al Ejecutivo que pueda hipotéticamente amañarlas, y que se convierta de verdad y en una práctica habitual; pero, de una vez por todas, «Que el que la haga la pague; sobre todo, que el pueblo en su conjunto observe y palpe que se devuelve lo robado, incluso con los intereses que se estimen deben añadirse a esa apropiación ilícita e indebida, realizada desde el momento en que se hizo».

Utilizar una moción de censura para ello me parece que es intentar «Matar los moscardones que vienen de comer en la carroña a base de cañonazos», cuando, simple y llanamente, con un buen y potente insecticida sería suficiente.

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