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Romance parlamentario

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

Al Parlamento español van llegando los horteras, con las mochilas al hombro y sucias las sudaderas. Vienen en plan de protesta, discusión y pelotera, dispuestos a la reyerta y a la bronca callejera. Mil fotógrafos aguardan con sus cámaras dispuestas, la aparición de Pablito, la llegada del profeta, con su pantalón caído, la camisa y su coleta. La presidenta está a punto, con bolígrafo y libreta, para exponer y advertir, a tan díscola caterva, que no piensa tolerar ni la más mínima ofensa. Pablito sueña “gobiernos”, y su novia “presidencias”; y el de la “minga” Dominga, no oculta su prepotencia.

Del oriente más lejano, de la “Cuatro” y de la “Sexta”, de tierras venezolanas, del programa de la “Tuerka”, les llegan muchos billetes, que disimular intentan; pero Cristóbal Montoro, con la atención siempre alerta, descubre sus artimañas y mentiras tan grotescas. No obstante lo relatado, hay gente tan inexperta que se traga los engaños, que confía en las promesas y, al llegar las elecciones, opta por la papeleta que lleva a unos insensatos al escaño y a la fiesta.

A don Íñigo Errejón ya no le importan las becas que, bien pensado, el futuro es un sueño que le lleva a pensar que es más rentable el engaño y la apariencia, que el trabajo realizado con decoro y con decencia. El dinero no se gana en el curro con sapiencia; los que están en el “tinglado” y rebosan experiencia, saben que salir de pobre solo es cuestión de agudeza, y que, para prosperar y amontonar las riquezas, no hay un camino mejor que vestirse de profeta y prometer, noche y día, gangas, derechos, grandezas, que el Estado debe darnos sin medida y con urgencia.

Hay millones de infelices, que en su candidez esperan cobrar una pasta gansa, mensual y por transferencia; sin moverse de su casa, sin asomarse a la puerta. Empresarios y banqueros muy alarmados protestan, que no hay dinero en España para tan dura exigencia, que todo lo bueno es caro, que van a hundir las empresas, que nadie sensato puede organizar una fiesta, en la que le salga gratis, banquete, vino y orquesta. Y nadie es tan limitado que, en su incompetencia, crea que un puñado de embusteros le resolverá el problema. Que hasta el más lerdo está al tanto del caos que hay en Venezuela.

Pero lo más indignante es su desprecio al sistema. No debería tolerarse que quien gobernar pretenda, con absoluto descaro, con enorme desvergüenza, nos diga que todo aquello “se la bufa” y “se la pela”. Mientras tanto, en los pasillos, los de la “Cuatro” y la “Sexta” celebran y vitorean tan agudas ocurrencias.

Garzón y su camarilla aguardan con impaciencia que llegue, por fin, el día que prosperen sus tendencias; los cursis de Ciudadanos, alrededor de Rivera, urden manejos e intrigas y exponen sus exigencias. Les han dicho los banqueros que, en el centro, se mantengan, y voten a la derecha o apoyen a las izquierdas, lo hagan con una sonrisa, sin temor y sin vergüenza.

Vuelvo la vista al ayer, cuando el Parlamento era cámara legislativa y modelo de asambleas, para exponer los programas con cordura y con prudencia, hasta que llegó Podemos y nos prometió quimeras y de lo serio pasamos a la bronca tabernera. Con el rollo de la casta, con el cuento de las puertas, ellos sacan una pasta y el pueblo se desespera; los socialistas, sin rumbo, siguen con sus diferencias, mientras que los del PP ocultan sus indecencias. Y España está, mientras tanto, entre corruptos y horteras, consumida por las clases que gobernarla debieran.

Barcelona, 30 de marzo de 2017.

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