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Tiempo de espera y disfrute

Por Fernando Sánchez Resa.

Si actualmente me llegan sonidos y hechos de la barroca Semana Santa sevillana, bien recuerdo las ilusionadas esperas en mi ciudad natal, en las que al atardecer (unas veces antes de pasear por el Parque Norte, otras hallándome recogido en casa), rememoraba aquellos ecos sonoros de los ensayos de Semana Santa, puesto que sus ritmos y sonoridades me distraían de mis trabajos y ocios, transportándome a otro ritmo de vida distinto, más alegre o nostálgico, trayéndome imágenes y recuerdos de las muchas Semanas Santas vividas en esta tierra de promisión y felicidad que es la Úbeda de mis amores.

Esos rítmicos toques me impulsaban a identificarlos, tratando de averiguar su cofradía matriz. Distinguía el bronco y severo toque del Santo Entierro que pasaba casi diariamente por mi puerta, por mi recoleta y mora calle; y, a mis espaldas, por la calle Tostadas o de Carnicerito de Úbeda y aledaños, la característica melodía compuesta por tambores, trompetas y grandes instrumentos musicales de los recuperados e imprescindibles Romanos, que cada año que pasa se superan más y mejor, tanto en nuestra ciudad patrimonial como haciendo exhibiciones por otros lugares de la provincia y comunidad autónoma; y que antaño, cuando yo era mucho más joven, fueron cayendo en decadencia hasta que un ínclito y aguerrido presidente los rescató y dotó de gracia, veracidad y talento. ¡Cómo me conmueven sus toques, sumamente inspirados, que bien me recuerdan las películas de “Ben-Hur” (1959) o “La túnica sagrada” (1953), entre otras, que en nuestra lejana infancia visionamos, en obligado cumplimiento, cuando se acercaban estas fechas de Pascua y nos bajaban al teatro Ideal Cinema o Principal para catequizarnos!

También, cuando me encuentro en la bella y ajardinada calle Cava, siento vibrar mi corazón, pues la cofradía de mi padre, Nuestra Señora de las Angustias y Descendimiento de Cristo, la recorre con su banda de tambores en las que las féminas, como en otras muchas otras cofradías, son piedra angular que hicieron su aparición tiempo ha, siendo ya insustituibles e imprescindibles, asegurando continuidad y esplendor a nuestra querida semana mayor.

Así mismo, cuando paseo por el Parque Norte y me acerco al Camino del Cementerio, oigo el ensayo de otras bandas, así como en la calle Constitución y aledaños que imprimen un colorido tímbrico y musical muy genuino de mi Úbeda querida; aunque siempre haya gente que le moleste y no quiera soportar estos ensayos, argumentando diversas y dudosas razones plausibles.

Es tal la afición que hay en mi ciudad (casi similar a la de la capital hispalense), que, además de familiares y amigos de los componentes o integrantes de las diferentes bandas de cabecera de las cofradías, persiste una variada y escogida gente que le gusta peregrinar en busca de estos lugares de ensayo para sentirse sumamente emocionados (y no simplemente porque se sea el hijo, novio, nieto…, de los que componen esa banda), pues lo que se pretende realmente es revivir, año tras año, la ilusionada y festiva espera y el mensaje -más laico que católico- que transmite, para que llegue el milagro anual de la primavera, inundando calles y plazas ubetenses de un color y olor imperecederos, que no por repetido es menos esperado, y que se haga presente, en estos cerros de Úbeda, cuyos cofrades y fans parecen repetir la conocida frase (protagonizada por Álvar Fáñez el Mozo, en su popular dicho “Andar por los cerros de Úbeda” al rey Fernando III el Santo), al ser preguntados por familiares o amigos:

—¿En dónde estuviste anoche?

—Por esos cerros, señor; escuchando las bandas de mi orgulloso pueblo andaluz, cuyos cofrades van manteniendo, año tras año, el pabilo de la esperanza para que este mundo nuestro sea un poco mejor, con el esfuerzo continuado de practicar, cada tarde-noche, para que -el día en que salga el titular y todos los cofrades- vayan uniformados, todo sirva de lucimiento personal y cofradero, tratando de sorprender a los miles de visitantes -creyentes o no- con esa puesta en escena callejera, cual milagro recordatorio de que Jesús fue ensalzado, crucificado, muerto y sepultado para resucitar cada año en nuestras propias narices, en San Nicolás de Bari, por ejemplo, sin ir más lejos…

Esta bella teatralización se repite todos los años, con gran esfuerzo de los más escogidos y humildes, los más pequeños, que muchas veces son los mejores testigos que dan su tiempo libre o de ocio por engrandecer nuestra semana mayor; y que ojalá se vea recompensada con la conversión de nuestros buenos sentimientos y comportamientos hacia todos nuestros semejantes, haciéndonos meditar sobre lo efímero de la existencia en este mundo, transmitiéndonos el mensaje de paz y amor que Jesús nos legó con su entrega, muerte y resurrección hace más de dos milenios, precisamente en una tierra azotada también hoy, como ayer, por el odio, la animadversión, los contrapuestos intereses económicos, políticos y religiosos, provocando esa guerra abierta o soterrada que aún padecen.

Por eso, ya que el pasado sábado, 30 de marzo, estuve de turista por mi tierra, aprovechando la celebración del X Certamen de las Bandas de Cabecera y Trompeteros (promovida por la cofradía de El Borriquillo, en la plaza Vázquez de Molina, a las cinco de la tarde; partiendo con un pasacalles desde la plaza de Andalucía a las cuatro y media) para disfrutar de un ambiente agradable. Allí aprecié una auténtica fiesta como anticipo de la que se anuncia para mediados de abril, donde el multitudinario público asistió ávido de espectáculo, ciudadanía y sorpresa.

¡Cómo se notaban las ganas de Semana Santa que había en sus cuerpos, pues el soleado día acompañaba y las bandas intervinientes hicieron eufóricas su recorrido, inundando de originales sonidos, principalmente trompetas y tambores, haciendo las delicias de todos los que acudimos a esta cita anual, que ya lleva diez años celebrándose!

Noté cómo va calando y superándose la paridad que se ha puesto de moda hasta en los guiones de cabecera, pues hubo bandas en las que los tambores eran todas féminas y las trompetas, hombres; y otras en las que andaban mezclados entre ambos instrumentos, aunque a veces las féminas o los varones ganaban por goleada. ¡Qué sería hoy en día de la Semana Santa ubetense (y de otras muchas localidades) y de los guiones y bandas, si la mujer no hubiese entrado con buen pie en ellas! Aunque hay algunas que se resisten, como la banda de los romanos, puesto que, por ahora, las romanas no aparecen por ningún sitio.

El sol, con su azulado cielo moteado de leves nubes algodonadas, nimbó el plástico y lúdico espectáculo, mientras todo el mundo se arremolinaba en el bar, instalado ante el alargado banco de piedra de la irrepetible plaza Vázquez de Molina, pues la sed y el ansia de charla y alcohol no tenían espera…

Úbeda, 7 de abril de 2019.

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