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Primer septenio de la Sinagoga del Agua, 1

Por Fernando Sánchez Resa.

El pasado 28 de febrero quise hacer doblete cultural (pues, por la mañana, había estado en el Museo Arqueológico), respondiendo a la amable y oportuna invitación cursada por el amigo Andrea Pezzini, a través del whatsapp. Por eso, me presenté, diligentemente y bien acompañado, con mi esposa y dos entrañables amigos, en la Sinagoga del Agua, para celebrar su especial aniversario.

Con puntualidad exquisita, siendo las 20:30 h, la Sinagoga del Agua, con Artificis como empresa gestora y la familia Crespo-López como valiente y aguerrida mecenas, nos acogió amable y gratuitamente, para conmemorar sus siete primeros años de vida.

Andrea Pezzini, como gerente de Artificis, tuvo a bien dirigir unas enjundiosas palabras al escogido y selecto público allí congregado, en ese sorprendente e irrepetible espacio, reconstruido y/o descubierto (con polémica entre expertos, aún no resuelta), que alberga resonancias tangibles: el sonido del agua o su estratégica ubicación urbana y orientación solar; e intangibles: los ecos de los muchas acciones, rezos, abluciones, meditaciones…, que se realizaron en estos recónditos espacios durante tantos años.

Vino a decirnos que, precisamente, hacía siete años que se abrió al público este cotizado lugar (exactamente el 27 de febrero de 2010), alcanzando el día anterior un preciado y especial número cabalístico, el siete. En este tiempo, la Sinagoga del Agua se ha consolidado y ha sido muy demandada por doquier. Actualmente, es un foco de atracción impresionante, pues viene buscándola mucha gente de todo el mundo, de lo que Úbeda también se aprovecha y beneficia diariamente. «Ahora podemos comprobar que fuimos (y seguimos siéndolo) visionarios, pues nadie sabía esta corazonada: la escondida existencia de este mágico lugar que lo ocultaba todo, cuando lo fácil hubiera sido abandonar el proyecto y construir el diseñado grupo de apartamentos con cocheras; mas, gracias a la constancia y firmeza de la familia Crespo-López, se ha consolidado el atrevimiento y se ha constituido un singular espacio para satisfacción de todos.

Prosiguió su encendido discurso, Andrea, recordando que nos conocíamos todos los que allí estábamos, pues, a diario, hay visitas guiadas; y que, la Sinagoga del Agua, ha sido, es y será siempre foco y presencia de múltiples actividades culturales a lo largo de todo el año (conciertos, presentaciones de libros, conmemoraciones, conferencias, teatralizaciones, bodas judías…); a su vez, pidió que siguiésemos atentos a las redes sociales de la Sinagoga del Agua para no perdernos su imparable vitalidad. También se sintió en la obligación de ensalzar a Fernando Crespo, y a su esposa Ana, por el esfuerzo económico, psicológico y humano realizado por ellos, apostando siempre por este irrepetible lugar. ¡Ah!, y nos legó una confidencia: «Después de siete años…, hemos dejado de perder dinero…».

No se olvidó de todos los que allí trabajan, ni de los multitudinarios visitantes que demuestran su claro interés y hasta escriben sus gratos y sorprendentes comentarios en el libro de visitas del recibidor, que hacen brotar las lágrimas cuando se leen; o de estar colocados en el ranking turístico internacional, en el lugar más alto de visitantes. Recordó que faltaban algunos asistentes (que podrían haber estado…), pero que éramos los adecuados para celebrar este evento y que podríamos hacer la visita turística a ese enclave, después del concierto programado, incluido el mikveh (baño ritual judío) de abajo. Terminó agradeciendo a Arquitrabe que sus músicas hayan serenado y arribado a este lugar; y que nos las sigan programando y regalando sus amables componentes, Juan y Marisi. Y acabó exclamando: «¡Disfrutaremos, una vez más, de la música de Arquitrabe, como otras veces lo hemos hecho!».

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