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Vicisitudes de la vejez, 14

Por Fernando Sánchez Resa.

Sigo rebobinando y buscando recuerdos y asideros para seguir agarrándome a la vida, por lo que ahora estoy reviviendo lo que en mi disco duro se cuece, el que ya lleva demasiado años funcionando; y, presionado por los tiempos que corren, no tengo más remedio que hablar de cuando estuve casi confinada en la huerta familiar, en los terrenos en los que hoy se asienta Carrefour de Úbeda (Jaén), durante los tres años de guerra (in)civil española (1936-39); con cierto parecido, pero más duro todavía, lógicamente, al confinamiento del que llevamos ya más de dos meses con el dichoso coronavirus chino importado. Entonces yo era una chiquilla, casi pollita o zangalitrona (como se le llamaba antiguamente en mi pueblo a las que van pintando ser muchachas, sin serlo totalmente), y subí contadas veces al pueblo, ya que estaba muy revuelto y la muerte acechaba en cualquier rincón, pues los odios se encontraban desatados. Siempre lo hice con mucho miedo y prevención y acompañada de mi padre o hermanos. Siento rememorar aquellos malos momentos que pasé, pero la vida es así y así he de contarla…

Mi familia formábamos una piña y nunca nos faltó cariño y comida, gracias a Dios, ni en los años de guerra, ni tampoco en los de la postguerra o del hambre. También pasamos momentos muy difíciles como cuando un tío carnal mío, hermano de mi madre, decidió quitarse la vida en lo alto de una higuera, desesperado de la vida y del momento que le tocó vivir, al ser soltero y ver peligrar su futuro, cuando la huerta se le iba de entre las manos porque creía tener asegurada su propiedad y continuidad, sin tener esperanza a la que agarrarse. Mi madre, que era su hermana, perdió el conocimiento y yo casi lo pierdo también de ver cómo mi “mama” (sin tilde, como se decía por entonces) se quedó como muerta ante la fatal noticia y no volvía a la vida. ¡Qué trago más durísimo pasó mi hermano menor, que fue el que lo descubrió y avisó gritando a la familia; con lo que lo quería…! No me extraña que, con este encierro obligado, nuestra salud mental haya caído en picado, en todas las edades, especialmente, en los ancianos y en los niños, que somos los más vulnerables…

Ahora pretendo expresar mis sentimientos sobre los políticos que nos gobiernan o pretenden hacerlo desde la oposición frontal; no voy a hablar de política, en general, pues creo que discutir sobre ese tema es como “pintar un burro”, pues pierdes al burro y malgastas la pintura…

Cómo le gusta a la casta política, en general -con alguna excepción supongo-, ser los protagonistas principales de la sociedad en la que se desenvuelven, aún sin serlo verdaderamente, pues disfrutan más que un marranillo, en un charco, enlodándose en el mismo barro de siempre. Muchas veces, con discusiones interminables, inútiles y superfluas; otras, huyendo de resolver realmente lo importante, necesario y mollar de la vida cotidiana, yéndose por las ramas, diciendo (explícita o implícitamente) con sus actuaciones y palabras «Quítate tú, que me ponga yo», para hacer lo mismo que el otro; aunque se crea que se vaya a hacer de otra manera distinta y luego sea errónea…

Ya no me sorprende que un político en la oposición sea clarividente y, en cuanto le dan el mando (con los votos o las coaliciones postelectorales, espúreas o no), caiga en los mismos errores que ha criticado hasta ese momento en su adversario. Y no les da vergüenza hacer y decir lo mismo, una y otra vez, a pesar de las hemerotecas y los múltiples vídeos grabados que los desmienten o pueden tildar de mentirosos cuando se tercie; y hasta pretenden sacar leyes contra la proliferación y manifestación pública del odio, cuando son ellos mismos los primeros que lo están ejemplificando todos los días en el parlamento, en los medios de comunicación y en las redes sociales. ¡Vivir para ver!; ocurre lo mismo que lo que se dice sobre la fornicación: «La cosa de la jodienda, no tiene enmienda…», aunque sea un poco ordinario y borde, ya que eso mismo pasa con la actuación de la mayoría de los políticos, porque -de hecho- se creen y saben imprescindibles.

Muchas veces me pregunto cómo estaríamos de acongojados (por no decir o escribir una ordinariez o palabrota), si los medios de comunicación, los telediarios o diarios hablados empezaran siempre bombardeándonos con imágenes impactantes y tabulando el número de personas que mueren todos los días de infarto, enfermedades derivadas del tabaquismo, cáncer, suicidios, homicidios, accidentes automovilísticos, etc.; y, además, que nos lo hiciesen acumulativos y abultándose, segundo a segundo, a todos los niveles, como lo hacen con la COVID-19: local, provincial, regional, nacional e incluso internacional. La mayoría de ellos creen que somos marionetas, de lo que nos quieren decir, cómo nos lo quieren decir y cuándo nos lo quieren decir mediante el “ministerio de la verdad” de turno y la maquinaria de la propaganda gubernamental u opositora que se tercie en ese momento…

¡Nada nuevo bajo el sol!

Sevilla, 19 de mayo de 2020.

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