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“La Bahía del Tigre”

Por Fernando Sánchez Resa.

Un nuevo jueves mágico se nos presentaba (aquel 10 de diciembre de 2015), con tiempo anticiclónico y sin lluvia, del que ya llevábamos disfrutando demasiado tiempo.

Una vez reunidos los incondicionales de siempre, Andrés nos explicó que “La Bahía del Tigre” (“Tiger Bay”, 1959) estaba dirigida por el inglés J. Lee Thompson (que murió en Canadá, con 88 años, en 2002), pues tenía mucho arte para hacer filmes de intriga y suspense, como el que íbamos a visionar. Nos refirió otros títulos importantes de este director: “Los cañones de Navarone” (The Guns of Navarone, 1961), etc.; y que, luego, marcharía a Estados Unidos para terminar su carrera cinematográfica en Hollywood (Cape Fear”, 1962). También nos dio unas leves pinceladas sobre el argumento: el marinero polaco Korchinsky (Horst Buchholz), asesina a su novia Anya (Yvonne Mitchell), siendo el único testigo Gillie Evans (Hayley Mills), una niña de doce años, que al ir conociendo al asesino, se va creando entre ambos un vínculo sentimental muy fuerte.

Luego, los espectadores, empezamos a ver ese filme de suspense mientras que la mayoría íbamos adquiriendo el mismo síndrome de Estocolmo que la niña había cogido con su raptor; ya que a lo largo del transcurso del filme  también íbamos solidarizándonos con el asesino para que no fuese capturado por la policía.

Lógicamente no les voy a contar el final, por no machacar la película antes de que ustedes la visionen. Pero lo que sí les adelanto es que es sumamente interesante y entretenida, con distintos planos de las cámaras bien estudiados en los que resalta el personaje, los sentimientos o las emociones de los actores, a pesar de estar en blanco y negro; y en un castellano bien entendible, con varias frases en polaco que pusieron la nota exótica.

Gillie Evans (Hayley Mills), una  niña de 12 años, desarrolla su talento innato y su particular encanto, siendo su primera actuación en papel muy distinto de los de "Pollyanna" y "Tú a Boston y yo a California"; y Korchinsky (Horst Buchholz), se muestra menos gritón que en "Uno, dos, tres".

Fue rodada en Gales y retrata el ambiente portuario de Cardiff: la vida ajetreada de las típicas casas de pisos de alquiler que tan frecuentemente aparecen en las películas británicas de la época. El tramo rodado en el mar aporta emoción y algo de suspense a la historia, gracias a la buena fotografía, en blanco y negro, de Eric Cross, acompañada de la música de Laurie Johnson.

Moralmente ambigua, las interpretaciones de sus tres protagonistas son excelentes, especialmente el inspector de policía, interpretado por John Mills, que pudo ver cómo su hija, Hayley, en la vida real, después de protagonizar este título, se convertía en una de las primeras estrellas del cine de Disney, en el que él mismo también protagonizó algún título destacado. 

El aplauso final se hizo con dificultad y sin ganas, pues todos habíamos empatizado tan fuertemente con la pareja de actores (niña y asesino), que nos costó trabajo aplaudirla. Seguramente porque J. Lee Thompson nos había enfrentado con esos interrogantes que todos llevamos dentro y que tantas veces nos hacen dudar: ¿la justicia tiene en cuenta las circunstancias que desencadenan los actos?; ¿existe expiación sin castigo?; ¿hay justificación para la violencia?; ¿podemos sentir lástima del que la utiliza?; puesto que resulta altamente interesante la ambigüedad que se desprende del tratamiento de la situación narrada, ya que el guión se empeña en disculpar al asesino y a su pequeña “cómplice”, imprimiéndoles una óptica positiva.

El retorno a nuestros lares se hizo en compañía amigable y cercana, haciendo el minifórum por el camino, ya que por falta de tiempo no lo solíamos llevar a cabo, pues eran cerca de las diez de la noche cuando llegó el portero del Hospital de Santiago para acelerar la recogida del material cinematográfico y la salida de los empedernidos cinéfilos; todo ello porque -desde aquel mismo mes de diciembre- habíamos empezado las sesiones cinematográficas a las 8 de la tarde, en lugar de a las siete y media como en los dos meses anteriores.

¡Nos esperaba un mes pletórico de actividades culturales y lúdicas, incluyendo -principalmente- el maravilloso cine de los cuatro jueves decembrinos restantes!

Úbeda y Sevilla, 10 de abril de 2020.

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