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A un día de noviembre

Por Mariano Valcárcel González.

27 de noviembre.

Esta fecha tiene para mí un doble significado, por una parte me recuerda que era el llamado Día del Maestro (por aquello de las festividades nacional-católicas asociadas a ciertos santos, en este caso el pío José de Calasanz) y también que esa fecha falleció mi padre.

Lo de mi padre hace tiempo ya y también lo de san José de Calasanz, porque los nuevos mandamases de la enseñanza pseudo-laicos (mentira podrida, que los conciertos con la privada, especialmente católica, se mantuvieron y aumentaron inclusive) decidieron que eso de una fiesta patronal, que además celebrábamos generalmente con comida colectiva en cada centro, era cosa ya superada y especialmente insolidaria con los demás currantes; como si los demás currantes, fuesen del gremio o de otros, no procuraran encontrar alguna excusa (santo patrón mediante) para celebrar su fiesta. Cosas de los talibanes doctrinarios de las remesas alzadas tras la caída del dictador que, de pronto, descubrían que podían sentar normas y leyes de conducta moral a los que consideraban rémoras del pasado.

Resulta también que por estas fechas actuales el CEIP VIRGEN DE GUADALUPE de Úbeda recuerda sus ya cincuenta años de existencia. Y casi coincide con mis cincuenta años de promoción de Magisterio. O sea que se acumulan recuerdos y circunstancias para recordar (y meditar).

Por lo pronto, este citado centro público pasa por uno de sus momentos peores. Y no por culpa de sus trabajadores, pues me consta de la labor dinamizadora del actual equipo directivo, sino por culpa de decisiones administrativas cada vez más lesivas para el discurrir de los centros públicos de enseñanza básica en Úbeda. Si a ello añadimos el problemón añadido de haberse quedado -ya entrado el trimestre- sin servidor del comedor escolar, ustedes me dirán qué ilusión tienen para volcarse en celebración alguna.

En el año venidero, se cumplen los cincuenta años del término de mi promoción de Magisterio. Éramos en realidad supervivientes de una época que ya se marchaba. Las reformas educativas -y especialmente en el acceso a la carrera- impedían que las futuras promociones se alimentasen casi exclusivamente de alumnado procedente del cuerpo andaluz de la SAFA. Vendrían también de otros centros ajenos a esta institución (y a veces de la “competencia”).

Que la carrera iba por otros derroteros, lo manifestó no solo el elevar el nivel de entrada (bachillerato superior, selectividad…), sino los mismos planes de estudio. Como la EGB necesitaba “especialistas” para el Ciclo Superior, todo se orientó hacia esas especializaciones como si la zona de infantil o la de los ciclos inferiores, en esencia generalistas, no existiesen. Ya escribí hace tiempo acerca del cúmulo de errores cometidos al respecto; errores que todavía se están pagando.

Uniendo lo del CEIP anterior con mi experiencia docente, habré de contar cierta anécdota: como en todo centro público, en ese había maestros con conciencia docente y los que contemplaban ese trabajo como mero seguro alimenticio (desde luego los menos). Pues, trabajando yo en SAFA de Úbeda, me llegó un alumno en prácticas que era hijo de un maestro del otro centro (de los que hablo); el muchacho debía tener el mismo concepto de la carrera, como tenía presumiblemente el padre; así que, a las prácticas en mi clase, aparecía cuando le venía en gana y, desde luego, no le logré sacar ni una iniciativa ni la propensión para realizar actividad alguna con los críos. Me da pena el pensar, si terminó los estudios, dónde y con quienes cayó en su trayectoria docente. Con seguridad, sería uno de los que inevitablemente nos da mala fama.

Por el contrario y en el mismo entorno, me vino a clase un chaval procedente de los del acuerdo de la Institución con el llamado “reaseguro minero” de la cuenca astur-leonesa. Y el cambio de actitud era más que notable. Agradable, cumplidor, con iniciativa y siempre dispuesto a hacer, a colaborar, a trabajar… Pensé más de una vez en la gran diferencia de visión y de criterio entre el anterior y este alumno en prácticas. Y en que tal vez tuviese justificación o explicación en la diferencia de origen de los dos sujetos; en sus estímulos sociales, vitales y económicos.

Por eso muchas veces exclamé: “¡Dios me libre de los hijos de los maestros!” (y que conste que en esto, como en todo, había de todas clases y pelajes).

Como dije, la EGB marcó un antes y un después en la enseñanza y en la carrera de Magisterio.

Mas no para bien, según mi particular criterio, que todo el mundo se creyó ya catedrático por haber optado por una especialidad u otra, pero que se carecía del sustrato básico y generalista que, en realidad, era lo que se necesitaba para afrontar el día a día en los ciclos iniciales y medio. En general, y perdóneseme la afirmación, se carecía del bagaje mínimo de conocimientos y recursos para ejercer medianamente bien la labor, todo dirigido hacia la especialización. Y cierto que el camino se hace al andar -que dijera don Antonio Machado-, y uno se hace maestro (así me hice yo) ejerciendo su magisterio día a día y año a año; y, si puede ser, centro a centro y pueblo a pueblo.

¿Tendré que reclamar todavía la existencia de una verdadera carrera docente, graduada en las necesidades que existan o se estimen, bien acondicionada de conocimientos y recursos y que lleve a cada aspirante a maestro o maestra a las salidas que le sean más queridas o aptas? Mientras esto no llegue, se estarán poniendo solo parches.

Como los parches que los políticos ponen para ir tirando con unas leyes educativas desastrosas por partidistas en las que no prima el interés educativo y formativo de los españoles, sino el de concepciones religiosas, nacionalistas o políticas de ahora, impongo mis ideas y luego llegas tú e impones las tuyas. Y venga a dar vaivenes. Y los decentes, locos de atar con tanto cambio de rumbo y tanta burocracia para justificarlo.

En fin, queridos, que si estáis en el tajo todavía y esto leéis, pues que no desfallezcáis y hagáis lo que debéis lo mejor posible. Si no, porque ya os jubilasteis, pues que al menos contempléis el panorama con cierta curiosidad, siquiera sea por vuestros nietos que lo sufren y recordéis aquellos años en los que teníais tales ilusiones que no os paraba ni una manifa de descerebrados catalufos.

Un saludo.

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