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El triángulo de Cobos, otra vez

Por Mariano Valcárcel González.

Voy a insistir. Insistiré hasta que alguien dé las explicaciones pertinentes, sean aceptables o no. Insistiré, porque nos va en ello la credibilidad del sistema en que se basa nuestro ordenamiento público, jurídico, social y político.

Insistiré, porque si las bases en que desarrollamos nuestro sistema “democrático”, que muchos defienden como imperfecto, pero el menos malo de los sistemas de gobierno; si estas bases son la mentira, la ocultación de hechos, la corrupción, el nepotismo, la prevaricación y demás marranadas que se hacen desde los cargos en ejercicio; si esas son las bases del sistema y lo estamos todos consintiendo, unos porque forman parte del entramado, otros porque prefieren callarse lo que saben, otros por supuesta “prudencia” que solo es acomodamiento y cobardía, y muchos por mero hastío ya de todo lo que significa la política; si así está la cosa pública, mejor dejarlo. Venga un dictadorzuelo de medio cuño, se nos imponga por la fuerza, oprímannos sus secuaces y pastemos cual borregos en el prado de la tranquilidad.

¿A qué y por qué viene esto…? Por lo que está sucediendo; mejor, no sucediendo con el asunto del palacio de don Francisco de los Cobos.

Hechos: En el año 85, el gobierno municipal -a cuyo frente estaba Arsenio Moreno- decide llegar a un convenio tanto con los supuestos dueños del mismo, la Casa Ducal de Medinaceli, como con el rectorado de la UNED para rehabilitar el palacio y hacerlo sede del Centro Asociado de la UNED en Úbeda; convenio que supone hacer un edificio de las ruinas con aportaciones públicas, pero en el que el titular (supuesto) se reserva condiciones de edificación y uso, y a noventa y nueve años vencidos.

Hechos: Se materializó en 1986. No se saben qué supuestas diligencias previas se realizaron por parte del ayuntamiento para conocer el estado legal del edificio en cuestión, diligencias a que estaba obligado. No se utilizó la facultad que tenían las autoridades municipales para expropiar el edificio por ruina, salvo que ya se tuviese noticia de que el edificio en cuestión era de su propiedad.

En 1845, Richard Ford (1796-1858), el inglés viajero e hispanista, recoge en su "Manual de viajeros por Andalucía" la imagen monumental de la ciudad, aunque lamenta el abandono de las tierras de labor; reflejo de este abandono es su comentario sobre que aún existía el palacio de Francisco de los Cobos, aunque, eso sí, cruelmente degradado.

El paso del tiempo, su abandono, y especialmente los dos incendios que sufrió en el siglo XX, nos han privado, sin embargo, de contemplarlo en todo su esplendor. En la década de 1950, Keniston visitaba sus restos, reducidos a la fachada, ciertas habitaciones adosadas a la misma y el patio en un lamentable estado.

Hechos: Se firma un convenio lesivo para los intereses generales y a todas luces innecesario. Solo sale directamente beneficiada del mismo la Casa Ducal, que ni en esos años ni posteriormente dio alguna prueba escrita de ser la propietaria de las ruinas del palacio.

Ante estos hechos iniciales debería haber dado ya cuenta pública y explicaciones el responsable de los mismos, porque surgen muchas preguntas al respecto que se deben responder. Como mínimo podría calificarse su actuación de irresponsable.

Hechos: Las obras iniciadas mediante las aportaciones de la UNED, del ayuntamiento y, sobre todo, de los fondos destinados a las sucesivas Escuelas Taller que intervinieron en las mismas, se van demorando en el tiempo sin que la Casa Ducal apremie demasiado.

Hechos: La Casa Ducal realiza visitas logrando también retrasar con sus imposiciones y rectificaciones al proyecto del arquitecto (Peridis) y la progresión del mismo. El tiempo, como se verá, está a su favor.

Hechos: La Casa Ducal aporta unas vigas de madera, según dicen antiguas, de pino de Flandes para la obra. Las vigas, las recepciona  quien dirige la Escuela Taller, encargada de obrar.

Hechos: Como se traspasa el tiempo prefijado en el acuerdo para la erección del palacio, la Casa Ducal no duda en denunciar en tribunales dicho convenio en el año 2000. A la vez, reclama las vigas mencionadas, que no aparecen por parte alguna.

Ante le supuesta recepción y desaparición de las vigas, ya deberían haberse dado más que explicaciones por parte de los afectados, el director de la Escuela Taller -que recepcionó- y el alcalde en ese momento.

Hechos: Para frenar el pleito, se acuerda con la Casa Ducal hacer otro convenio que rectifique el anterior. Una supuesta investigación municipal sobre el final de las vigas no da resultado alguno, simplemente desaparecieron.

Hechos: El Ayuntamiento ya con otro alcalde accede a las pretensiones de la Casa Ducal; restringen la cesión del Palacio de Los Cobos a solo cincuenta años (el alcalde  dice que hasta setenta y cinco) a cambio de tener que modificar el Plan General de Ordenación Urbana para recalificar como de uso de servicios, hostelería y turismo el antiguo hospital de los Honrados Viejos de El Salvador, que pasará a manos de la Casa Ducal para su explotación. Pasados los cincuenta años (o setenta y cinco) todo el conjunto, palacio y hospital, serán aprovechados por la Casa Ducal (aunque se aduce que Los Honrados Viejos revertirían otra vez al consistorio).

Hechos: Acceder a esta modificación del convenio, ya de por sí desfavorable como se ha indicado, es dar un regalo a la parte opuesta. Se entregaría un complejo de enorme valor económico y artístico, por un lado reconstruido y por otro mantenido por las instituciones públicas, a unos particulares por el mero hecho de exhibir una supuesta titularidad. Quien sale beneficiado absolutamente es el querellante, sin llegar a pleito alguno.

Hechos: Supuestamente por medio de funcionarios municipales llega la información al entonces alcalde de que la propiedad del palacio de don Francisco de los Cobos es municipal, para mayo. Esta información llega cuando se están dando los pasos legales para la modificación del PGOU en orden a facilitar el nuevo convenio. Esta información es vital, puesto que es la escritura de donación del inmueble, para que luego pueda realizarse el registro de propiedad a favor del municipio.

Hechos: Tras las elecciones municipales de mayo del 2003 se ve que no seguirá en el gobierno el mencionado alcalde. Es entonces cuando se decide modificar la situación.

Hechos: En los últimos días de su mandato ordena realizar todas las gestiones legales para que el Palacio de Los Cobos sea registrado como propiedad municipal. Informados los portavoces de los demás partidos políticos, callan. La razón, no interferir en el proceso de registro.

Hechos: El ayuntamiento pierde el pleito y los recursos (TS 2007 y Constitucional) y la Casa Ducal queda como propietaria legal, pero con la obligación de abonar el 50% del coste de las restauraciones llevadas a cabo; en un primer cálculo, el remozamiento del edificio costó 1,5 millones de euros. «Sánchez, criticó la "deslealtad" con la que, a su juicio, ha actuado la Casa Ducal y dejó abierta la puerta a la expropiación del inmueble» (citas en Diario Jaén).

El pretender “escuchar” a la otra parte no puede servir para llegar a componenda alguna, ya que la opción legal que tiene es enfrascarse en un pleito iniciado otra vez por la misma parte y obligada a llevarlo adelante ya sin el recurso de “amagar” para luego recibir recompensas. No ha lugar. 

No se comprenden los silencios si no es que se quiere ocultar algo, no decir algo, no descubrir cosas que tal vez no sean explicables al menos razonablemente.

La propuesta de convenio actual meramente beneficia a la Casa Ducal otra vez; con el chantaje de que así se llevará a cabo la terminación del palacio y su puesta en servicio cultural, la institución nobiliaria accede al dominio total del que denomine “triángulo de Cobos” que incluye, ¡cómo no! en plena propiedad el antiguo Hospital de los Honrados Viejos. La cuestión museística del lugar (con el señuelo del San Juanito) estaría por determinar en forma y uso.

Es un gol por toda la escuadra al municipio; quedan dueños de la zona y no abonan ni un euro.

Sin embargo, quienes tendrían más que perder si el ayuntamiento no acepta el convenio serían los nobles, pues habrían de abonar lo dictado en sentencia, quedarían con el palacio a medias (y lo deberían terminar a su costa) y no podrían acceder a las demás parcelas y edificios de ese “triángulo” deseado. ¿Por qué no se plantea el tema de esta forma?

Mientras no se llegue a la verdad o no se pidan excusas por las torpezas cometidas en la gestión de los intereses del municipio, habremos de pensar que hay algo más en todo este entramado.

Este cronista ha intentado acceder al texto del nuevo convenio, pero el portal del ayuntamiento no lo tiene publicado para difusión, consulta y alegaciones públicas como es preceptivo.

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