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Y los de dentro…

Por Mariano Valcárcel González.

Como es obvio y notorio dentro de España ‑rincón catalán‑, son súper partidarios de independizarse los independentistas, y esto es una verdadera perogrullada; lo admito. Pero hay independentista de primera, segunda y hasta tercera clase.

Y luego vienen los que quedan fuera del territorio catalán, pero que ‑sin duda‑ achuchan en la dirección deseada. Y vamos a empezar por estos.

Paradójicamente, da la tremenda impresión de que es la derecha españolista ‑la de la traca del águila y la cabra‑ la que más labora, para que esta situación, al menos, se prolongue en el tiempo; como todo nacionalismo se retroalimenta enfrentándose a otro, aquí, cuanto más nacionalismo independentista haya más nacionalismo españolista se creará, simplemente por reacción natural y defensiva, que en un momento dado puede tornarse ofensiva, si se cuenta con fuerzas suficientes. Y hay muchos españoles que estarán con las ideas llamadas “centralistas” de buena fe. Pero da qué pensar la falta de tacto e incluso la pasividad obstructiva que ha demostrado el gobierno de la derecha (y no sé si achacarlo sólo al carácter indolente de Rajoy) y sus absurdas y tardías medidas, cuando las ha tomado; incluso, la falta de creatividad para atajar la propaganda independentista.

Otros están adoctrinados, con suficiente efectividad, en el símbolo de la estrella de cinco puntas (común a cualquier nueva bandera revolucionaria que se precie), que cualquier movimiento que la exhiba es de por sí democrático, auténtico, revolucionario, popular, liberador y ponga usted todos los adjetivos al uso que se le vengan a la mente… Por lo tanto, hay que apoyar ese movimiento independentista catalán, que sólo cumple con el mandato de los pueblos oprimidos a poder decidir. Y que ellos decidan es prioritario, pues así se entrará en una dinámica decididora, útil a los demás pueblos oprimidos de Iberia. Además, se entra de lleno en un proceso nuevo y moderno de construcción; dicen algunos “desde cero”, de una República Popular que serviría de modelo a otras venideras. Aquí pongan ustedes a los “nacionalistas de izquierdas” (si es que se pudiera ser nacionalista de izquierdas) andaluces, gallegos, riojanos, madrileños, manchegos, de Coria o Potes y tantos y tantos lugares como átomos de población haya en nuestra patria (¡ah, e incluyan, si se dejan, a los portugueses!).

En lo anterior, se llevan la palma los teóricos marxistas/leninistas de Podemos y derivados, que parece ser que ven, en el centenario de la Revolución de Octubre, el modelo que calcar para esta nuestra novísima y renacida Revolución de Octubre Hispana. También empujan los del anarquismo resistentemente residual, ahora definidos como fuerzas anticapitalistas o simplemente anti sistema; vamos, los que irían a llevarnos a una nueva sociedad, donde todo el mundo fuese fraterno e igualitario. No olvidemos que tanto en los anteriores como en estos, lo deseable es “la unidad”; y, por eso, se definen ‑en cuanto pueden‑ como “de Unidad”, o “de Unificación”, lo que conlleva a un horizonte obligatoriamente uniformado y donde, precisamente, la disensión (y, por tanto, el derecho sacrosanto a decidir) desaparezca.

La CUP ha demostrado con creces, en estos días, qué entiende por “unidad popular”; no creo que deba extenderme en ello.

Lobos sueltos descendientes del POUM ‑no olvidemos‑, masacrado por los comunistas en la República, y del anarquismo de siempre, aderezados con “indignados” del 15-M, que son los instrumentos activos para alcanzar la gloria. Entusiastas de cualquier llamada a la huelga, la toma de las calles, el acoso llamado “escrache” (http://dle.rae.es/?id=GJqpqhk; que de matriz argentina hay restos) y todo lo que sea revolver y sacar jóvenes en marabunta, que es lo que les mola. Suflé ( http://dle.rae.es/?id=YezVYIS ). Animales que pueden revolverse contra sus cancerberos si no se les da de comer y pronto.

Todavía quedan en España los que claman y abogan, insisten, en el “diálogo”, desconociendo arteramente que nunca habrá diálogo cuando dos, o uno, no quieren dialogar, o simplemente realizan monólogos. Diálogo significa no solo intercambio de ideas o pareceres, sino tener voluntad de llegar a acuerdo, por modificación o cesión de las ideas de cada parte, por consenso (hoy día desprestigiado, pero fundamental en cualquier caso). Estos que, a sabiendas de la imposibilidad real de llegar a lo anterior, siguen insistiendo, sólo le dan más cuerda al secesionismo y le conceden fiabilidad y honradez, a sabiendas de su demostrada carencia de principios. Porque creer en ello, de buena fe, ya es ser iluso.

Dentro de Cataluña, la división social ‑casi pareja‑ entre independentistas o no, a veces se embrolla por la indefinición oportunista o cobarde de los que allí son simpatizantes del proceso o de las posturas españolas. Y, entonces, deja todavía más libre el campo a aquellos. Esto es así y no tiene otra interpretación. Y, aparte de los revolucionarios mencionados, ¿quiénes favorecen la secesión…? Se dice, y con razón, que los ricos.

El capitalismo catalán nacionalista siempre anduvo detrás de todo movimiento que los favoreciese, a despecho de su ambigüedad calculada y de su afán por no perder los privilegios en el resto del territorio español; creyeron siempre (y es un error demostrado por la historia) que domarían a la bestia que ellos desataban. Así que, la burguesía de bien también colabora, consciente y creyente de sus propios valores catalanes y de que ellos tienen las esencias del espíritu nacional. En esto, sólo demuestran su capacidad de aislamiento y de endogamia y de racismo y xenofobia que llevan en su alma (por mucho que lo intenten desmentir, declarándose cosmopolitas y demás gaitas). Y la conciencia culpable de sus latrocinios, incluso de ilustres miembros, que les impele a lanzarse a la aventura que los salvará de responsabilidades. Es por ello que fundaron Omnium Cultural (¡qué paradoja excluyente!) y esa Asamblea Nacional Catalana, como medios de acción y presión doctrinaria en toda la sociedad catalana. Ahora, cuando el toro ya saltó la barrera, pretenden saltarla ellos para ponerse a resguardo. ¡La pela es la pela!

No me dejaré atrás a la querida y fraternal iglesia católica catalana. ¿Cómo dejarlos atrás, cuando ellos tienen en sus manos gran parte del adoctrinamiento nacionalista, por medio de sus colegios y centros de enseñanza? Han colaborado siempre entusiásticamente en esa labor, tan poco acordes con la universalidad de sus pretendidas creencias. No impartieron doctrina católica en sus centros y en sus iglesias; impartieron nacionalismo y separatismo puro y crudo. No me pienso callar o justificarlos (cierto, de todo debe haber, como en botica; pero es lo que muestran en la actualidad). Y que se dejen de intentar protagonismo “mediador”…

Según mi breve razonamiento, estos pueden ser los instigadores y favorecedores, desde dentro de nuestro país, de la absurda y peligrosa situación en que nos encontramos. A un paso del desastre.

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