¿Cómo consigue Cela acercarnos a Pascual Duarte, hasta comprenderle y casi justificar su criminal circunstancia? Por encima de cualquier interpretación patológica, existencial, moral o tremendista, queda esa pregunta. Porque es la que se dirige en profundidad a la justificación de la misma novela.
José Luis Carrascosa realiza la siguiente evocación de su vida en el internado:
Fui externo en los jesuitas de la calle Morales hasta el penúltimo curso (con don Antonio Sotomayor). Con ocho años pasé al internado; si no me equivoco, el curso 1956-1957.
Mi padre tenía mucho interés, porque decía que era muy nervioso y los jesuitas en el internado «me meterían en vereda». Mi madre lo aceptó, porque siempre pensó que la mejor educación, sobre todo en lo referente a la conducta, se impartía allí.
Mi compañero mayor de correrías, Pepito Martínez, con quien coincidí en el internado de Villanueva, cursaba ahora en Úbeda segundo de bachiller. Yo, aquel año, finalizaba el Preparatorio. Durante el curso, él había estudiado y aprobado Francés y Latín ‑casi ná‑. Su profesor de Matemáticas fue nada menos que el mismísimo don Diego.
Esta es una pregunta que en la actualidad, si se realiza desde sectores religiosos y para la cuestión religiosa, es respondida caritativamente: rezar por ellos. Si estos sectores son menos caritativos y tienen rescoldos de épocas pasadas, nos responderán: obligarlos. Si el remonte de época es brutal, con la tal brutalidad nos responderán también: matarlos.
La primera dama de los Estados Unidos ha dicho en Granada que su esposo visitará al Presidente Zapatero, si se da el caso, próximamente, cuando coyunturalmente o de forma circunstancial lo aconsejen algunos factores determinantes, que en este momento es muy difícil concretar. ¿Vale? Pues ahora ya nos queda bastante claro.
Tras la lectura del libro La escuela de la ignorancia y sus condiciones modernas de Jean-Claude Michéa (Editorial Acuarela Libros), he quedado verdaderamente impactado, por lo que me gustaría comentarlo‑resumirlo para general conocimiento… Aunque esté hecho en Francia y referente a la sociedad francesa, las similitudes con nuestro país y el mundo occidental, en general, hacen una fotografía anticipada, ya actual, de la sociedad en la que nos estamos desenvolviendo…
Debiera, como narrador de estas páginas, cerrarlas con algo parecido a una explicación, o justificación de mi papel de narrador. Es cierto que hilvanar estos recuerdos, en ratos calmos de su mal, ha sido para mi personaje una distracción. Me han llevado a vivificar, poner al día acontecimientos y personas muy significativas para él. Que le pareció, a veces, que algunas estaban esperando mi palabra para resucitar en su vida. Anécdotas, reflexiones, visitas, cartas, fotos, llamadas… Es verdad que estos reencuentros recargaban su pena. Pero yo sé que su alegría y su gozo están más hondos.
Pero estábamos hablando de Melanipo, creo. El hijo mayor de mi padre Crises y de su mujer Dica. Junto a él me instruí en el arte de la guerra, con otros compañeros de la misma edad: Yolao, el de los bucles negros y los párpados siempre cansados de sueño, hijo de Epiménides, impulsor de la nueva muralla de la ciudad, y que murió en la miseria, según supe más tarde, a causa de las cuantiosas deudas que contrajo con los canteros de Eubea; Biaquis, el de tobillos tan ágiles como los de las muchachas, hijo del perfumista Cariadis ‑venido de la ciudad de Helo cuando Esparta la destruyó‑ y proveedor de las principales familias no sólo de Paros, sino de todas las islas pobladas del archipiélago; Folo el bizco, de suave voz y pulso
Doscientos veinte mil empresarios españoles se disfrazan de chinos para evitar cumplir con sus obligaciones fiscales.
FOMENTO
Ante la posible huelga de los controladores aéreos, don José Blanco ha manifestado: «No estoy contento ni descontento». Joer, ¡cómo son estos gallegos!
Entendámonos sobre conceptos. En su sentido amplio, la palabra cultura recubre un conjunto de percepciones del mundo y, sobre todo, de pautas de comportamiento. Dicho de otra manera, un conjunto de modos de pensar, por un lado; y, por otro, de normas y respuestas comportamentales, slogans, contraseñas, proverbios, etc., que rigen las maneras de vivir del hombre, que por sí solo no puede, porque es imposible, juzgar sobre todo, decidir y actuar en un mundo tan complicado y azaroso. El individuo tiene que recibir forzosamente un enorme empréstito del entorno en que se desarrolla, justo para vivir su vida de todos los días. Tomando un atajo, diré que cultura, lato sensu, es trasmisión de una filosofía de vida. Filosofía implícita, por supuesto.